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domingo, 19 de enero de 2020

Cochinita pibil yucateca


Empezamos un nuevo año del reto Cocinas del mundo y nos vamos a... ¡México! En concreto a Yucatán. No es una región que yo conozca mucho, pero igualmente me hace ilusión el viaje porque siento que me acerca a mis amigos mexicanos. Mi padre pasó una temporada en Chiapas, pero es otra historia...

Este reto me pilla de viaje, así que temía que me tocara elegir una receta sin complicaciones. Pero tuve la suerte de encontrar una tiendecilla latina donde encontré pasta de achiote, el ingrediente esencial de esta receta. Y ya cuando vi que también tenían hojas de plátano, no me quise contener; así que me fui a por el cerdo para preparar esta cochinita pibil yucateca. Hay diferentes formas de preparar este platillo; según la zona se utilizan naranjas agrias en lugar de limón, la salsa lleva la cebolla picada o en láminas...Yo hoy he seguido esta receta, pero también he leído aquí y allá para aprender más.

Lo de "cochinita" es evidentemente carne de cochino, cerdo, chancho, gorrino, o como quieras llamarlo. Lo de "pibil" significa "bajo tierra" en maya. Y es que esta receta se prepara tradicionalmente cociendo la comida en un horno subterráneo (pib en maya), enterrada envuelta en hojas de plátano (Pero en el día a día se usa mucho el horno, claro). Es una técnica de cocción lenta que deja la carne muy tierna.

Esta carne se prepara con frecuencia para servir en taquitos y tortillas en general. Siempre se acompaña de salsa xnipec, bien rica si te gustan la cebolla cruda y los cítricos. A mí la verdad es que me ha encantado esta receta. Para 3-4:

  • 750 g de carne de cerdo (en mi caso, tacos magros)
  • 45 g de pasta de achiote
  • 60 ml de zumo de limón
  • 120 ml de zumo de naranja
  • 2 hojasgrandes de plátano (o varios trozos generosos)
  • 120 ml de aceite vegetal o manteca derretida
Salsa xnipec:
  • 150 g de cebolla morada
  • 120 ml de zumo de naranja
  • 100 ml de zumo de limón
  • Guindilla al gusto o según la tolerancia de cada uno; en la receta original son 3 chiles habaneros
  • 1 pizca de sal

La preparación:

1. Antes de nada preparamos el adobo para que la carne pueda marinar un mínimo de 8 horas, preferiblemente hasta el día siguiente. Disolvemos la pasta de achicote en el zumo de naranja y de limón. Simplemente removemos con un tenedor y vamos chafando también para deshacer grumos y que espese. 


2. Añadimos una pizca de sal, mezclamos con la carne, tapamos y metemos al frigorífico a que marine.


3. Ya que estamos, podemos preparar la salsa y dejar que repose también. Picamos finito la cebolla (en otras recetas va cortada a juliana). Mezclamos con el zumo de limón y el zumo de naranja y añadimos una pizca de sal. Lo siguiente es el picante; para la receta original, se pasan por una llama abierta los chiles y se trocean. Yo cocinaba para personas con muy poca tolerancia al picante, así que usé un pimiento de cayena seco chiquitín.


4. Al día siguiente, precalentamos el horno a 165º mientras envolvemos la carne. 
Antiguamente había que humedecer y pasar con destreza por el fuego las hojas de plátano para ablandarlas. Hoy en día las venden ya preparadas; como mucho hay que descongelarlas. Así que colocamos una hoja a lo largo y otra a lo ancho en un recipiente apto para horno (o varios trozos lo suficientemente grande. 


5. En el centro servimos la carne con su jugo y la rociamos con el aceite o la manteca derretida. Entonces vamos doblando las hojas de plátano hacia dentro para cubrir la carne.

6. Vertemos un poco de agua con una cuchara sobre el paquete que hemos hecho con las hojas de plátano; esto es para que no se quemen las hojas. Cubrimos con papel de plata y horneamos a 165º durante 2 horas. Pasado ese tiempo, comprobamos que la carne esté tierna y se pueda desenhebrar con facilidad. Si no, le damos algo más de tiempo.


7. Y listo. Sacamos a la mesa la carne en su salsa, tortillas enteras o en triángulos, nuestra salsa maya, aguacate y, si apetece, también quesillo blanco.

¡Buen provecho!

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Bergua*



domingo, 15 de diciembre de 2019

Regalos navideños comestibles


Me gustan los regalos pensados y hechos con sentimiento y esta Navidad quise tener un pequeño detalle con un par de personas, pero no me apetecía darles nada "material"; me apetecía entregarles algo hecho por mí, que pudieran disfrutar y que no se imaginasen. Y se me ocurrió hacer una cajita comestible y rellenarla de cosas ricas. Y con la masa sobrante, se me ocurrió hacer un árbol de Navidad. 

Muchos tipos de galleta se podrían usar para hacer decoraciones y regaalos, pero lo común en muchos sitios, incluido aquí en Dinamarca, es usar masa de pan de jengibre. Funciona muy bien porque es fácil cortarla y hacer formas con ella y además de cambia mucho al hornearla. Pero en Navidad ya hay muchos excesos de por sí, por lo que me propuse hacer mi propia receta de pan de jengibre, una más ligera en todos los aspectos; tanto en el sabor, como en el plano calórico. Veréis que no usé muchas de las especias habituales, como pimienta, porque quería un sabor más suave; y en lugar de mantequilla, utilicé aceite de coco, en parte porque el resultado es menos graso y también porque me lo recomendaron como un buen ingrediente para cuidar del cerebro y, después de mi operación, me viene bien.

La verdad es que estoy muy satisfecha con el resultado, tanto con el sabor como con la textura de estas galletas abizcochadas. Y me lo pasé bien creando estos regalitos, así que os animo a que os lancéis. Pueden ser regalos navideños comestibles o decoración.
Con estas cantidades me dio para hacer una cajita cuadrada, una cajita redonda y un árbol de Navidad de unos 15 cm de alto. Y me quedó masa para preparar otra tanda unos días más tarde (la masa se conserva perfectamente en la nevera).

Para las galletas:

  • 310 g de harina
  • 1,5 cucharaditas de jengibre en polvo
  • 2 cucharaditas de canela en polvo
  • 1 cucharadita de vainilla en polvo (o azúcar avanillado)
  • 1 cucharadita de cardamomo en polvo
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico (gasificante)
  • 1/4 cucharadita de levadura química
  • 105 g de aceite de coco
  • 160 g de melaza o sirope
  • 100 g de azúcar mascabado 
  • 1 huevo grande
Para los diseños:
  • Lacasitos y/o Jelly Beans
  • Algo que nos sirva de pegamento comestible: azúcar glaseado, miel, Nocilla, Nutella...
  • Un par de tiras de cordón, tela, cinta de regalo...


La preparación:

1. Para preparar la masa, vamos a mezclar por separado los ingredientes secos y los líquidos. Primero mezclamos la harina, el jengibre, la canela, la vainilla, el cardamomo, el gasificante y la levadura y mezclamos muy bien.

2. Ahora vamos a por los ingredientes húmedos o líquidos. Cuando compramos aceite de coco, normalmente se ha solidificado y parece cera. Es muy sencillo fundirlo al baño María. Hierve un poco de agua y luego coloca un cuenco de cristal sobre ese agua y remueve los trozos de aceite de coco hasta que se fundan gracias al calor. 




Una vez esté en forma líquida, añadimos el sirope o melaza y batimos a mano con unass varillas. Después incorporamos el azúcar y mezclamos y batimos también. Por último añadimos el huevo y volvemos a batir hasta que todos los ingredientes estén incorporados.



3. Ahora ya podemos mezclar los ingredientes secos con los húmedos. Yo lo hago en dos tandas porque así es más fácil mezclar a mano. Paso la mezcla de harina por un colador de malla para evitar grumos, pero no deshecho nada, porque queremos el sabor de las especias. Lo mezclamos muy bien todo; si parece que la masa está muy seca, es porque no está bien mezclada todavía. 


4. Lo siguiente es dividir la masa en dos; no por nada, sino porque será más fácil trabajar con ella en porciones pequeñas y porque se enfriará más rápido así.

5. Envolvemos cada porción en papel transparente de cocina y le damos forma de disco de unos 2,5 cm de ancho. No es imprescindible, pero nos será más fácil de amasar luego que si hacemos una bola. Las metemos al frigorífico durante un mínimo de 60 minutos; también se puede dejar toda la noche, si vamos a hornear al día siguiente. No te preocupes si la masa parece muy blanda, ya verás cómo se endurece al enfriarse.



6. Bien, ya tenemos la masa hecha y reposada, con la consistencia adecuada, y vamos a sacar una de las porciones del frigorífico. La otra la dejamos dentro para que no se nos enfríe. Sacamos la masa del plástico y la colocamos sobre papel de hornear. La doblamos sobre sí misma un par de veces. Es normal que se rompa; con el calor de nuestras manos podemos ablandarla y moldearla sin problema, aunque como mejor se trabaja es en frío.




7. Con la masa sobre el papel de hornear, la cubrimos con el papel transparente y amasamos con un rodillo o una botella hasta lograr una masa de unos 0,5 cm (5 mm). Y ya podemos cortar las formas que queramos con moldes de papel, moldes para galletas...
- Para la caja cuadrada preparé un cuadrado de papel y luego un cuadrado más, pero hueco, en el que el margen es de 1,5 cm.
- Para la caja redonda preparé un círculo de papel y luego otro más donde recorté el agujero del centro y dejé un borde de 1 cm de ancho.
- Para las estrellas usé moldes de plástico.



8. Lo siguiente es retirar la masa de alrededor de nuestras formas con cuidado, levantar con ayuda de una espátula las formas para hornear y colocarlas sobre papel de horno en una bandeja de horno fría y con un poquito de distancia entre ellas (no se expanden mucho).



9. Horneamos durante 8-10 minutos a 180º en el horno precalentado. Cuando salen del horno están blandas; las trasferimos sobre el mismo papel de hornear a una rejilla y las dejamos enfriar.


10. Cuando estén frías, ya podemos llevar a cabo nuestros diseños.

- Para las cajas, ponemos una de las formas enteras como base de la caja, entonces usamos algo "pegajoso" (y comestible) como pegamento, por ejemplo azúcar glaseado, sirope, miel... El "pegamento" lo aplicamos en los márgenes de la base y sobre ésta pegamos uno de los cuadrados huecos. Sobre ese cuadrado aplicamos de nuevo "pegamento" y pegamos el segundo nivel de la caja. Por último rellenamos de lacasitos o lo que queramos y le ponemos la tapa encima, sin pegamento. Con un cordón o una cinta, lo envolvemos como si fuera un regalo. *Si queréis que la cajita sea comestible al completo, también podéis hacer el lazo con regaliz en lugar de tela o cuerda.


- Para el árbol de Navidad, hacemos una torre con las estrellas de mayor a menos y con las puntas mirando en direcciones distintas. En el centro de cada estrella aplicamos un poco de nuestro "pegamento" comestible y le pegamos la siguiente estrella encima. Finalmente, decoramos a nuestro gusto con Lacasitos y lo que queramos. ¡Y ya está!



¡Buen provecho!

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domingo, 17 de noviembre de 2019

Hamburguesa china de cordero al comino - Xi'an


¡Qué emoción, este mes nos toca China en Cocinas del mundo! En concreto nos centramos en la zona de Xi'an. Me encanta la gastronomía asiática, me inspira mucho al cocinar y me encanta para comer. La vietnamita es de mis grandes favoritas, pero le siguen la japonesa, la coreana, la china, la tailandesa... Y por supuesto la india, aunque no se piense en ella como "asiática tradicional".


Para este viaje escogí estas populares hamburguesas de cordero y comino con panecillos caseros. Quedaron deliciosas. Dado que a mi vikingo no le va tanto como a mí el picante, hice la hamburguesa suave y luego le añadí a la mía pasta y copos de gundilla; la verdad, lo eleva a otro nivel, está muchísimo mejor con el toque picante. Lo mismo pasa con el cilantro fresco; hay gente que no puede saborearlo, por cuestiones genéticas, y les recuerda a jabón. En ese caso, prescinde de él, pero si te gusta, prepárate para disfrutar con estas hamburguesas. Con estas cantidades nos salieron 6 hamburguesas perfectas.

Para el relleno:
  • 350 g de cordero (hombro, si es posible)
  • 3 dientes de ajo
  • 3-4 cucharadas de semillas de comino
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • 1 cucharada de vino de arroz (en su defecto un jerez seco)
  • 1 cebolla pequeña
  • 3 cebolletas
  • 2 jalapeños picaditos
  • Aceite vegetal de sabor neutro (girasol, por ejemplo)
  • Sal y pimienta
  • Cilantro fresco
Para los panecillos:

  • 350 g de harina
  • 140-180 ml de agua (tibia-caliente si es invierno)
  • 1 cucharadita de levadura instantánea (Un poco más si es invierno)
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato para hornear (opcional)

La preparación:


1. Lo primero es poner la carne a marinar, mínimo 1 hora, preferiblemente una noche. Cortamos la carne en taquitos de unos 0,5 cm. Mezclamos con una cucharada de aceite neutro, ajo prensado, salsa de soja, vino de arroz y 2 cucharadas de comino. Primero tostaremos el comino un poco en una sartén sin aceite ni nada y después lo machacaremos un poco en un mortero. Y ya está, dejamos la mezcla marinar.


2. Lo siguiente serán los panecillos. Disolvemos la levadura en el agua y mezclamos con la harina. Amasamos hasta que quede suave y uniforme, unos 10-15 minutos.


3. Cubrimos con un paño bien húmedo y dejamos levar durante 30-45 minutos, según la temperatura ambiente. Tiene que crecer en torno a 1/3 de su tamaño.

4. Pasado ese tiempo, amasamos para deshacernos del exceso de aire, ya que este tipo de pan no debe ser esponjoso. Hacemos un tronco con la masa y la cortamos en 6 porciones iguales.


5. Con cada porción hacemos un puro/tronco alargado, aplanamos con un rodillo y enrollamos la masa sobre sí misma en espiral como una caracola. La punta la escondemos en la base de la caracola para que no se nos deshaga la forma. Dejamos que las caracolas reposen 10 minutos.

6. Durante esos 10 minutos, cocinaremos la carne. Calentamos 1 cucharada de aceite de sabor neutro y sellamos el cordero marinado. Movemos bastante para que no se queme el comino. Añadimos entonces la cebolla en juliana y sal para que sude. Cuando tenga algo de color, incorporamos agua suficiente para cubrir la mitad del cordero y llevamos a ebullición. Mientras hierve, volvemos a nuestros panecillos. De vez en cuando echamos un vistazo por si hiciera falta añadir agua. No tardará mucho en cocinarse, ya que los trocitos de carne son pequeños.



7. Con la mano aplanamos nuestras caracolas de forma que tengan 1,5 cm de grosor. Algunas recetas recomiendan darle forma de cuenco a la masa, otras dicen que no tiene importancia; yo probé de las dos maneras y no vi diferencia en el resultado.



8. Cuando el cordero esté tierno y apenas quede agua, solo algo de jugo, incorporamos el jalapeño picado y la cebolleta, además de la cucharada sobrante de comino tostado y machacado. Probamos de sabor por si faltara sal, azúcar o algo más. Bajamos el fuego y, mientras se mezclan los sabores, cocinamos el pan.

9. Calentamos la carmela (sartén de parrilla) y colocamos en ellas los panecillos que quepan; les damos 2-3 minutos por cada lado para que tomen color y se cuezan por dentro.


10. Por último abrimos los panecillos (no del todo, como si fuera un bolsillo) y los rellenamos con la carne jugosa, el cilantro, la guindilla en pasta o en copos... Cada uno como quiera. ¡A disfrutar!



¡Buen provecho!

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domingo, 13 de octubre de 2019

Speculoos, galletas especiadas belgas.


En octubre nos vamos con Cocinas del mundo a... ¡Bélgica!

Lo cierto es que estuve por Bélgica hace un par de semanas y volví bastante desencantada. Lo peor de todo fue Bruselas, por la suciedad general, los niveles de ruido, la relación calidad-precio, el estilo gastronómico, el ambiente industrial, mendigos y hasta niños durmiendo en las calles... No podía evitar comparar mentalmente con Holanda, Dinamarca y tantos otros lugares del norte de Europa. En fin. No quiero ofender a nadie, pero esa fue mi experiencia.

La verdad es que, de la comida belga, lo único que disfruté fue el gofre de chocolate y galleta (speculoos) que compartí con mi vikingo. Así que hoy os traigo mis propias galletas belgas, que la verdad es que salieron muy ricas y se comen en Waterloo y en cualquier rincón de Bélgica. Me salieron 50 galletas, así que luego fui repartiendo por el vecindario jeje

Hay muchas recetas, yo en esta ocasión seguí esta, pero también las hay sin huevo. Estas  otras también tienen buena pinta.


  • 300 g de harina
  • 130 g de azúcar moreno(en mi caso panela mascabada)
  • 120 g de azúcar blanca
  • 115 g de mantequilla
  • 2 huevos medianos
  • 5 ml de esencia de vainilla
  • 1 cucharadita de canela
  • 1/2 cucharadita de nuez moscada
  • 1/2 cucharadita de clavo en polvo
  • 1/4 cucharadita de jengibre
  • 1/4 cucharadita de anís


La preparación:

1. Batimos los dos tipos de azúcar con la mantequilla a temperatura ambiente (nunca fundida; textura de pomada). Batimos hasta obtener una mezcla esponjosa.




2. Añadimos los huevos y la vainilla y batimos de nuevo hasta obtener una mezcla homogénea.

3. La harina tamizada la mezclamos con las especias en polvo (si las tenemos enteras, las molemos en un mortero). Entonces vamos incorporando gradualmente la harina a la mezcla de mantequilla mientras mezclamos. La masa tiene que quedar manejable, no pegajosa; si hace falta, añadimos más harina.



4. Colocamos la masa entre dos hojas de papel de hornear y aplanamos con un rodillo hasta tener una lámina de masa de 4 mm de grosor.




5. Reposamos la masa en el frigorífico durante un par de horas para que coja consistencia; es una masa imposible de trabajar cuando se calienta.

6. Una vez reposada la masa, cortamos nuestras galletas, en mi caso con un cortador circular. Para levantarlas, pasamos una espátula firme por harina; así no se nos pegarán.




7. Cuando ya estén dispuestas sobre el papel en el que las vayamos a hornear, podemos cuñarlas/sellarlas si las queremos con dibujo de algún tipo. El sello lo pasaremos también por harina y daremos unos toquecitos para deshacernos del exceso (antes de hacer cada galleta); así no nos romperá las galletas. 



* Yo hago un cuarto de la masa y mientras tanto el resto lo mantengo en la nevera. Las sobras de masa de entre las galletas, las vuelvo a extender con el rodillo, reposo en el frigorífico y vuelta a empezar hasta que no queda masa.

8. Horneamos durante 8 minutos a 175º en el horno precalentado. Deben quedar doraditas, pero personalmente me gustan poco tostadas, tanto por el sabor como porque al darles más tiempo, quedan más duras.

9. Finalmente las dejamos enfriar y tomar cuerpo (salen del horno blandas) y listo.


¡Buen provecho!



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domingo, 15 de septiembre de 2019

Coca de titaina valenciana


Retomamos el reto de Cocinas del Mundo después del verano con un viaje a Valencia. Este viaje lo hago con mucho cariño porque pasé varios años viviendo en Castellón en mis tiempos universitarios y vivía rodeada de valencianos a los que quiero mucho. Además, mi tía vivió muchos años en El Cabanyal y yo pasé mucho tiempo allí. Por eso precisamente he elegido esta receta marinera del barrio del Cabanyal, y se la dedico a mi niña bonita Tamara, que fue quien me la recomendó hace tiempo.


La coca es una receta muy popular en Valencia y Castellón; una especie de empanada abierta con rellenos tanto dulces como salados; la masa de esta coca en concreto me encanta tal y como la hace El calaixet de la iaia; entre pan y rosquilla de pan, crujiente y buenísima de sabor. 
La coca de titaina lleva un pisto valenciano y "tonyina de sorra", que es atún de ijada (de ijá, se dice en mi tierra). Es decir, la barriga del atún, que es una parte grasa y sabrosa. Por supuesto lo ideal es conseguir tonyina de sorra, que es el atún de ijada en salazón. Se pone a desalar en agua y después se conserva en trocitos en un tarro con aceite de oliva. Intenté comprar del Mercado central de Valencia y de varios otros sitios; pero nada, no hacen envíos a Dinamarca. Usar atún normal en conserva me parecía demasiado radical, y ventresca no me quedaba. Así que compré un lomo de atún, lo hice a la plancha y añadí anchoas a la mezcla de ingredientes para conseguir el toque a mar salado de esta coca marinera. Dicen que el resultado es bastante convincente. He hecho alguna otra adaptación, pero en general he seguido esta receta y esta otra.

En sus comienzos, esta coca era típica de la época de Semana Santa, pero hoy en día se hace y se come todo el año, y para algunas familias se ha convertido incluso en una tradición navideña o de Fallas.

Para la masa:
  • 75 g de agua 
  • 65 g de aceite de oliva
  • 25 g de levadura fresca de panadero
  • 250 g de harina
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de azúcar

Para la titaina:
  • 900 g de tomates maduros
  • 1/2-1 pimiento rojo (según el tamaño)
  • 1/2-1 pimiento verde (según el tamaño)
  • 35 g de piñones
  • 200 g de tonyina de sorra (en mi caso 200 g atún fresco y 7 anchoas)
  • 2 dientes de ajo
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de azúcar


La preparación:

1. Para la masa. Calentamos bajo el agua del grifo un cuenco, secamos y echamos en el cuenco el aceite tibio, el agua tibia, sal, levadura y azúcar. Mezclamos bien. Es muy importante que esté tibio, no caliente, porque lo que queremos es estimular el levado.


2. Vamos añadiendo la harina y mezclamos hasta conseguir una masa que no se nos peque a los dedos. Amasamos durante unos 10 minutos, después cubrimos, lo abrigamos con un paño limpio y dejamos reposar para que leve durante un mínimo de 30 minutos.


3. Extendemos la masa sobre papel de horno y subimos un poco los bordes. La forma tradicional de la coca es rectangular, pero bueno, yo lo hice todo lo rectangular que pude. Ah y pincho la base de la masa unas cuantas veces con un tenedor para que respire y se cocine bien bajo el relleno.



4. Extendemos la titaina sobre la masa y le damos unos 40 minutos en el horno ya precalentado a 180º. Como cada horno es un mundo, recomiendo prestarle atención hacia el final; yo los últimos 5-10 minutos bajo la temperatura a 50º si veo que se tuesta por arriba y la masa está prácticamente lista.



La titaina podemos hacerla mientras reposa la masa, pero está mejor de un día para otro:

1. Para preparar el relleno, hay quien escalda y pela los tomates y luego los trocea; yo trituro la mayoría de los tomates con piel y todo para no desperdiciar vitaminas. Luego troceo 1-2 de ellos para dar más cuerpo a la salsa.


2. Troceamos los pimientos y picamos el ajo. Reservamos.

3. Calentamos aceite en una cazuela de barro y le damos unas vueltas en él al ajo y a los piñones. Yo aquí en Dinamarca no tengo una cazuela de barro lo suficientemente grande, así que lo hice en una metálica que es como las de barro, pero para vitro. 

4. Añadimos la tonyina de sorra desmigada (en nuestro caso una mezcla de trozos de atún fresco y anchoas; receta al final); doramos un poco con el ajo y los piñones y reservamos.

 5. Calentamos 2-3 cucharadas más de aceite y freímos un poco los trozos de pimiento (no del todo). Añadimos el tomate triturado, sal y azúcar, y lo freímos durante 30-45 minutos a fuego medio-bajo para que espese. Yo no dejo que se evapore todo el líquido completamente para que luego el atún no se nos quede seco; pero tiene que quedarnos espeso.



6. Incorporamos la tonyina, los piñones y el ajo. Le damos 5 minutos al calor residual para que se mezclen los sabores y los aromas. Como digo, está mejor de un día para otro.



* Si tú tampoco tienes acceso a la tonyina de sorra, este es el proceso que yo seguí para crear un sustituto:

- Hacemos dos filetes (unos 200 g) de atún de ijada a la plancha.
- Los cortamos en lomitos mientras están calientes, como si fuera ventresca.
- Lo dejamos enfriar.
- Mezclamos con 5 anchoas en trocitos.
- Llenamos 1/4 de un tarro de cristal con un buen aceite de oliva de sabor intenso e introducimos los trozos de atún y anchoa. Si no hay suficiente aceite para cubrirlo todo, añadimos un poco. Y ya está; al frigorífico hasta que vayamos a hacer nuestra titaina.



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