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domingo, 15 de marzo de 2020

Alfajores de maizena con dulce de leche


¡Ay qué alegría, que nos vamos a Argentina! Llevo media vida queriendo hacer el viaje, pero bueno, de momento me conformo con viajar desde mi cocina con Cocinas del mundo, que siempre es un placer.

Esta receta tengo que dedicársela a mi boludito, a Gus, a su madre, y a mi padre, que nos trajo de Argentina los primeros alfajores que probamos, y además estos son sus favoritos.


La verdad es que recomiendo esta receta porque la textura del alfajor quedó perfecta y de sabor estaban tremendos; está basada en las indicaciones de Paulina, pero con mis trucos. No les puse tanto dulce de leche como a veces se les pone porque es muy dulce y empacha bastante, pero eso ya al gusto. Vamos, mi vikingo se comió tres seguidos y hubiera seguido, pero quería regalar algunos y los escondí jeje

El dulce de leche al que estoy acostumbrada, tanto el que me traían de Argentina como el que compraba en España, es más oscuro y algo más denso. Pero aquí en Dinamarca este es un producto desconocido y bastante suerte tuve que lo encontré. Desde luego, el sabor era tal cual tenía que ser, y al día siguiente el relleno estaba mucho menos blando.

Con estas cantidades me salieron 20 alfajores:

  • 150 g de maizena
  • 100 g de harina 0000 (= poca proteína, poco gluten, para repostería, no pan y pasta)
  • 80 g de azúcar
  • 100 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 2 yemas de huevo
  • 1 cucharadita de levadura química (polvo para hornear)
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 400 g de dulce de leche
  • Coco seco rallado

La preparación:

1. En un cuenco (a mano o a máquina) mezclamos la mantequilla, el azúcar y la esencia de vainilla hasta tener una mezcla cremosa, con consistencia de pomada. 


* Si se te olvida sacar de la nevera la mantequilla antes de tiempo, puedes acelerar el proceso de ablandarla cortándola en lonchas con un pelador de verduras o un cortador de queso. Pero no la fundas. 



2. Añadimos las dos yemas de huevo y batimos de nuevo. Mi método favorito para separar yemas y claras es el de la botella: usar una botella de plástico para "absorber" la yema, cual abducción extraterrestre. Aprietas el cuerpo de la botella, colocas la boca de la botella junto a la yema (sin romperla) y dejas que la botella recupere el oxígeno y vuelva a su forma original; así absorberá la yema.


3. Incorporamos entonces la maizena y la harina. Siempre saldrá mucho mejor si tamizamos; sobra con utilizar un tamiz o colador de agujero fino. Añadimos la levadura química.

4. Parecerá una masa muy seca, pero es cuestión de ir mezclando con la mano hasta tener una masa homogénea. Le damos entonces 15 minutos de reposo.



5. Lo siguiente es estirar la masa; yo para eso siempre uso dos láminas de papel de hornear, así no se pega la masa al rodillo. Podemos aplanar primero con la mano y luego seguir con el rodillo. El grosor varía de receta en receta, pero yo diría que unos 0,5 cm es ideal, porque así al montar el alfajor, queda una altura de unos 3-4 cm.


6. Ahora vamos a cortar las tapitas y podemos usar cualquier cortador, vaso o similar de unos 6-7 cm de diámetro. Cuando terminemos de sacar círculos, juntamos la masa sobrante y continuamos hasta que no quede nada. Los vamos colocando sobre papel de horno.

7. A continuación les damos unos 10-15 minutos en el frigorífico, mientras el horno se calienta a 180º.

8. Ahora sí, ha llegado el momento de hornear las tapitas durante unos 10 minutos. Después las sacamos y las dejamos enfriar, preferiblemente sobre una rejilla, para que no suden. Se enfrían bastante rápido, al menos aquí en Dinamarca ;)


9. Lo siguiente es rellenar con el dulce de leche, tapar, y, como es típico, podemos cubrir con coco rallado alrededor; yo hice la mitad con coco y la mitad sin él.


¡Y listo! Quedan buenísimos y, para mi gusto, incluso mejor al día siguiente, ya reposados.
¡Buen provecho!

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lunes, 2 de marzo de 2020

Pizza con masa de boniato y avena


¡Qué bueno quedó este invento! Es una receta de aprovechamiento; tenía boniatos que gastar, un poco de queso azul que amenazaba con jubilarse, una cebolla que me había sobrado de otra receta... Y de un antojo y la vena de reciclaje, salió esta maravilla de pizza con masa de boniato y avena. 

Evidentemente la masa se puede combinar con muchos ingredientes diferentes, pero el contraste dulzón del boniato con el queso azul y la cebolla es un acierto total y desde luego lo recomiendo.

Para una pizza mediana utilicé las siguientes cantidades, pero según lo fina que hagamos la masa, quedará más grande y más crujiente o menos. Al mismo tiempo, cuanto más fina, más frágil, pero hay que aplanarla lo suficiente para que pueda tomar consistencia de masa y para que los bordes queden crujientes. 
Este tipo de pizzas no son lo mismo que las de masa de harina, evidentemente, pero esta en concreto está buenísima y a mí en cualquier caso me quitó el antojo de pizza ;)

Para la masa:
  • 300 g de boniato
  • 50 g de copos de avena
  • 1 huevo
  • Sal 
Sobre la masa:
  • 150 g de salsa de tomate con albahaca y orégano
  • Queso azul al gusto; en mi caso Blue Stilton, pero roquefort y gorgonzola sirven igual.
  • 1 chalota mediana
  • 200 g de mozzarella rallada

La preparación:

1. Hervimos los boniatos pelados.

2. Los hacemos puré y los dejamos enfriar. Aquí en Dinamarca sobra con dejarlos 5 minutos junto a la ventana abierta ;) Entonces mezclamos con un huevo, la avena y un poco de sal; no hace falta mucha sal porque el queso azul ya es salado de por sí.


3. Extendemos la masa sobre papel de horno y con una espátula aplanamos y damos forma. Como decía, tiene que ser fina, pero no tanto que se rompa de mirarla. Un truco para que no se rompa luego, es usar un spray o un pincel para engrasar una pizca el papel de horno con aceite antes de formar la pizza.


4. Le damos 10-15 minutos a 180º en el horno precalentado. Pasada la mitad del tiempo, le damos la vuelta a la masa; yo utilizo otra hoja de papel de horno, pero también se puede hacer con un plato grande, como si fuera una tortilla de patatas.


5. Entonces cubrimos con la salsa de tomate con hierbas, después esparcimos el queso rallado y ya distribuimos trocitos de queso azul al gusto. Yo usé mucho, pero eso ya, como tú quieras. Para terminar repartimos aritos finos de cebolla por la superficie.


6. Le damos 10 minutos más en el horno y a disfrutar.


¡Buen provecho!

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jueves, 20 de febrero de 2020

Galletas danesas de avena y chocolate


Estas galletas están inspiradas en las galletas de avena danesas; me apetecía hacer galletas de chocolate para regalar, así que hice una combinación basada en esta.

Salen muy ricas, la verdad. Se pueden hacer más planitas o así como coquitos, pero así me gustan bastante porque el interior queda abizcochado y el exterior un poco crujiente.

Con estas cantidades salen unas 20. En realidad yo uso un medidor de decilitro para estas cosas, así que os traduzco a la equivalencia en gramos, pero os pongo también la cantidad en dl por si acaso.

  • 90 g de copos finos de avena (aprox. 2 dl)
  • 90 g de harina (aprox. 1,5 dl)
  • 100 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 75 g de chocolate puro
  • 1,5 cucharadas de cacao puro en polvo (sin azúcar) 
  • 100 g de azúcar de caña (aprox. 1 dl)
  • 160 g de sirope (aprox. 0,5 dl)
  • 1 huevo
  • 2 cucharaditas de esencia de vainilla
  • 1 cucharadita de levadura química
  • 1/4 de cucharadita de sal gorda


La preparación:

1. Picamos bien el chocolate, a mano o a máquina.

2. Montamos la mantequilla, el azúcar, el cacao en polvo, la esencia de vainilla y el sirope con unas varillas. Añadimos entonces el huevo y montamos de nuevo.


3. Añadimos entonces los copos de avena y la harina, la levadura química y sal sal. Mezclamos bien y después añadimos los trocitos de chocolate con su polvo de chocolate.



4. Repartimos montoncitos de masa sobre papel de hornear en una bandeja para horno.

5. Horneamos en el horno precalentado a 200º durante 10 minutos con la bandeja en la mitad del horno.

* Antes de comérnoslas, les damos unos 5 minutos de reposo, preferiblemente sobre una rejilla, para que no suden; están mucho mejor cuando la temperatura y los sabores se han asentado.

¡Buen provecho!

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domingo, 16 de febrero de 2020

Lentejas aragonesas al moscatel


¡Nos vamos a Zaragoza con Cocinas del mundo! Y como no podía ser de otra manera, esta entrada se la dedico a Alberto, mi maño favorito. 
Pese a que me hacía ilusión, también me preocupaba este destino, porque veía muy difícil encontrar los ingredientes necesarios aquí en Dinamarca. Así que no tenía nada claro qué acabaría haciendo. Rebuscando y rebuscando descubrí la receta de las lentejas aragonesas; una receta de antaño que viene más bien de la zona de Huesca, pero que no deja de ser un plato maño y que muchas familias cocinan en Zaragoza.

De pequeña las lentejas eran mi comida favorita; estas lentejas aragonesas me llamaron la atención porque son bastante diferentes de las que preparamos en el sur, de donde yo soy. Además, cuando vi que se terminaban con un chorro de Moscatel, no me pude resistir. Por lo que he leído, hay zonas en las que se estila más un chorro de aguardiente, y otras en las que eligen vino dulce. A mí me apeteció mucho probar una receta que las prepara con Moscatel, así que hice inventario: Moscatel en la bodega ✔, un taco de jamón serrano que me trajo mi madre ✔, lentejas pardinas que me trajeron de mis tías ✔, morcilla de la zona que me regaló mi amiga María y que tenía congelada ✔... Decidido. Me inspiré en estas dos: esta y esta.


La verdad es que nos encantaron; es un plato cargadito de sabor, reconstituyente y encima fácil de preparar. Repelamos el plato que daba vergüenza vernos. 
Llevan verduritas, como veréis, pero además leí que hay quien añade patata y/o zanahoria.
He de decir que yo pretendía hacerlas al chup-chup, es decir, a la vieja usanza y fuego lento, pero teníamos mucha hambre y las acabé haciendo en la olla rápida. Hice en teoría para 2 personas, pero es un plato potente; da fácilmente  para 4 raciones.

  • 150 g de lenteja pardina
  • 2 morcillas de la zona, de arroz o cebolla
  • 100 g de champiñones (en mi caso parisinos, los marrones, porque prefiero el sabor)
  • 1 cebolla pequeña
  • 1 puerro
  • 1 zanahoria mediana
  • 1 tomate maduro (3 de pera en mi caso, porque aquí son pequeños)
  • 1 taquito de jamón serrano, de preferencia ibérico
  • 1 chupito generoso de Moscatel
  • 1-2 hojitas de laurel
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta negra
  • Agua


La preparación (en olla rápida):

1. Empezaremos sofriendo el puerro y la cebolla, cortados en trocitos pequeños, en un poco de aceite de oliva y sal. Movemos de vez en cuando.

2. Pasados un par de minutos, añadimos el champiñón y la zanahoria en trocitos y mezclamos.

3. Añadimos al poco el tomate troceado y movemos para que se mezclen los sabores. Hay quien lo pela, pero en la piel están la mayoría de vitaminas y al ser un guiso tipo puchero, luego se deshace y no te la encuentras.



4. Pasados un par de minutos, entran en juego las lentejas, el taquito de jamón troceado, el laurel y las morcillas. 


5. Cubrimos con agua (lo suficiente; es un plato de caldo espesillo, pero no una sopa). Y a cocer. En mi olla son 15 minutos; mirad qué dice vuestra olla sobre las lentejas.


6. Pasado ese tiempo, sacamos el vapor de la olla, apagamos el fuego, añadimos el chupitazo de Moscatel, movemos y dejamos reposar un par de minutos. Yo saqué el licor a la mesa para quien quisiera más.

¡Buen provecho!

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domingo, 19 de enero de 2020

Cochinita pibil yucateca


Empezamos un nuevo año del reto Cocinas del mundo y nos vamos a... ¡México! En concreto a Yucatán. No es una región que yo conozca mucho, pero igualmente me hace ilusión el viaje porque siento que me acerca a mis amigos mexicanos. Mi padre pasó una temporada en Chiapas, pero es otra historia...

Este reto me pilla de viaje, así que temía que me tocara elegir una receta sin complicaciones. Pero tuve la suerte de encontrar una tiendecilla latina donde encontré pasta de achiote, el ingrediente esencial de esta receta. Y ya cuando vi que también tenían hojas de plátano, no me quise contener; así que me fui a por el cerdo para preparar esta cochinita pibil yucateca. Hay diferentes formas de preparar este platillo; según la zona se utilizan naranjas agrias en lugar de limón, la salsa lleva la cebolla picada o en láminas...Yo hoy he seguido esta receta, pero también he leído aquí y allá para aprender más.

Lo de "cochinita" es evidentemente carne de cochino, cerdo, chancho, gorrino, o como quieras llamarlo. Lo de "pibil" significa "bajo tierra" en maya. Y es que esta receta se prepara tradicionalmente cociendo la comida en un horno subterráneo (pib en maya), enterrada envuelta en hojas de plátano (Pero en el día a día se usa mucho el horno, claro). Es una técnica de cocción lenta que deja la carne muy tierna.

Esta carne se prepara con frecuencia para servir en taquitos y tortillas en general. Siempre se acompaña de salsa xnipec, bien rica si te gustan la cebolla cruda y los cítricos. A mí la verdad es que me ha encantado esta receta. Para 3-4:

  • 750 g de carne de cerdo (en mi caso, tacos magros)
  • 45 g de pasta de achiote
  • 60 ml de zumo de limón
  • 120 ml de zumo de naranja
  • 2 hojasgrandes de plátano (o varios trozos generosos)
  • 120 ml de aceite vegetal o manteca derretida
Salsa xnipec:
  • 150 g de cebolla morada
  • 120 ml de zumo de naranja
  • 100 ml de zumo de limón
  • Guindilla al gusto o según la tolerancia de cada uno; en la receta original son 3 chiles habaneros
  • 1 pizca de sal

La preparación:

1. Antes de nada preparamos el adobo para que la carne pueda marinar un mínimo de 8 horas, preferiblemente hasta el día siguiente. Disolvemos la pasta de achicote en el zumo de naranja y de limón. Simplemente removemos con un tenedor y vamos chafando también para deshacer grumos y que espese. 


2. Añadimos una pizca de sal, mezclamos con la carne, tapamos y metemos al frigorífico a que marine.


3. Ya que estamos, podemos preparar la salsa y dejar que repose también. Picamos finito la cebolla (en otras recetas va cortada a juliana). Mezclamos con el zumo de limón y el zumo de naranja y añadimos una pizca de sal. Lo siguiente es el picante; para la receta original, se pasan por una llama abierta los chiles y se trocean. Yo cocinaba para personas con muy poca tolerancia al picante, así que usé un pimiento de cayena seco chiquitín.


4. Al día siguiente, precalentamos el horno a 165º mientras envolvemos la carne. 
Antiguamente había que humedecer y pasar con destreza por el fuego las hojas de plátano para ablandarlas. Hoy en día las venden ya preparadas; como mucho hay que descongelarlas. Así que colocamos una hoja a lo largo y otra a lo ancho en un recipiente apto para horno (o varios trozos lo suficientemente grande. 


5. En el centro servimos la carne con su jugo y la rociamos con el aceite o la manteca derretida. Entonces vamos doblando las hojas de plátano hacia dentro para cubrir la carne.

6. Vertemos un poco de agua con una cuchara sobre el paquete que hemos hecho con las hojas de plátano; esto es para que no se quemen las hojas. Cubrimos con papel de plata y horneamos a 165º durante 2 horas. Pasado ese tiempo, comprobamos que la carne esté tierna y se pueda desenhebrar con facilidad. Si no, le damos algo más de tiempo.


7. Y listo. Sacamos a la mesa la carne en su salsa, tortillas enteras o en triángulos, nuestra salsa maya, aguacate y, si apetece, también quesillo blanco.

¡Buen provecho!

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domingo, 15 de diciembre de 2019

Regalos navideños comestibles


Me gustan los regalos pensados y hechos con sentimiento y esta Navidad quise tener un pequeño detalle con un par de personas, pero no me apetecía darles nada "material"; me apetecía entregarles algo hecho por mí, que pudieran disfrutar y que no se imaginasen. Y se me ocurrió hacer una cajita comestible y rellenarla de cosas ricas. Y con la masa sobrante, se me ocurrió hacer un árbol de Navidad. 

Muchos tipos de galleta se podrían usar para hacer decoraciones y regaalos, pero lo común en muchos sitios, incluido aquí en Dinamarca, es usar masa de pan de jengibre. Funciona muy bien porque es fácil cortarla y hacer formas con ella y además de cambia mucho al hornearla. Pero en Navidad ya hay muchos excesos de por sí, por lo que me propuse hacer mi propia receta de pan de jengibre, una más ligera en todos los aspectos; tanto en el sabor, como en el plano calórico. Veréis que no usé muchas de las especias habituales, como pimienta, porque quería un sabor más suave; y en lugar de mantequilla, utilicé aceite de coco, en parte porque el resultado es menos graso y también porque me lo recomendaron como un buen ingrediente para cuidar del cerebro y, después de mi operación, me viene bien.

La verdad es que estoy muy satisfecha con el resultado, tanto con el sabor como con la textura de estas galletas abizcochadas. Y me lo pasé bien creando estos regalitos, así que os animo a que os lancéis. Pueden ser regalos navideños comestibles o decoración.
Con estas cantidades me dio para hacer una cajita cuadrada, una cajita redonda y un árbol de Navidad de unos 15 cm de alto. Y me quedó masa para preparar otra tanda unos días más tarde (la masa se conserva perfectamente en la nevera).

Para las galletas:

  • 310 g de harina
  • 1,5 cucharaditas de jengibre en polvo
  • 2 cucharaditas de canela en polvo
  • 1 cucharadita de vainilla en polvo (o azúcar avanillado)
  • 1 cucharadita de cardamomo en polvo
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico (gasificante)
  • 1/4 cucharadita de levadura química
  • 105 g de aceite de coco
  • 160 g de melaza o sirope
  • 100 g de azúcar mascabado 
  • 1 huevo grande
Para los diseños:
  • Lacasitos y/o Jelly Beans
  • Algo que nos sirva de pegamento comestible: azúcar glaseado, miel, Nocilla, Nutella...
  • Un par de tiras de cordón, tela, cinta de regalo...


La preparación:

1. Para preparar la masa, vamos a mezclar por separado los ingredientes secos y los líquidos. Primero mezclamos la harina, el jengibre, la canela, la vainilla, el cardamomo, el gasificante y la levadura y mezclamos muy bien.

2. Ahora vamos a por los ingredientes húmedos o líquidos. Cuando compramos aceite de coco, normalmente se ha solidificado y parece cera. Es muy sencillo fundirlo al baño María. Hierve un poco de agua y luego coloca un cuenco de cristal sobre ese agua y remueve los trozos de aceite de coco hasta que se fundan gracias al calor. 




Una vez esté en forma líquida, añadimos el sirope o melaza y batimos a mano con unass varillas. Después incorporamos el azúcar y mezclamos y batimos también. Por último añadimos el huevo y volvemos a batir hasta que todos los ingredientes estén incorporados.



3. Ahora ya podemos mezclar los ingredientes secos con los húmedos. Yo lo hago en dos tandas porque así es más fácil mezclar a mano. Paso la mezcla de harina por un colador de malla para evitar grumos, pero no deshecho nada, porque queremos el sabor de las especias. Lo mezclamos muy bien todo; si parece que la masa está muy seca, es porque no está bien mezclada todavía. 


4. Lo siguiente es dividir la masa en dos; no por nada, sino porque será más fácil trabajar con ella en porciones pequeñas y porque se enfriará más rápido así.

5. Envolvemos cada porción en papel transparente de cocina y le damos forma de disco de unos 2,5 cm de ancho. No es imprescindible, pero nos será más fácil de amasar luego que si hacemos una bola. Las metemos al frigorífico durante un mínimo de 60 minutos; también se puede dejar toda la noche, si vamos a hornear al día siguiente. No te preocupes si la masa parece muy blanda, ya verás cómo se endurece al enfriarse.



6. Bien, ya tenemos la masa hecha y reposada, con la consistencia adecuada, y vamos a sacar una de las porciones del frigorífico. La otra la dejamos dentro para que no se nos enfríe. Sacamos la masa del plástico y la colocamos sobre papel de hornear. La doblamos sobre sí misma un par de veces. Es normal que se rompa; con el calor de nuestras manos podemos ablandarla y moldearla sin problema, aunque como mejor se trabaja es en frío.




7. Con la masa sobre el papel de hornear, la cubrimos con el papel transparente y amasamos con un rodillo o una botella hasta lograr una masa de unos 0,5 cm (5 mm). Y ya podemos cortar las formas que queramos con moldes de papel, moldes para galletas...
- Para la caja cuadrada preparé un cuadrado de papel y luego un cuadrado más, pero hueco, en el que el margen es de 1,5 cm.
- Para la caja redonda preparé un círculo de papel y luego otro más donde recorté el agujero del centro y dejé un borde de 1 cm de ancho.
- Para las estrellas usé moldes de plástico.



8. Lo siguiente es retirar la masa de alrededor de nuestras formas con cuidado, levantar con ayuda de una espátula las formas para hornear y colocarlas sobre papel de horno en una bandeja de horno fría y con un poquito de distancia entre ellas (no se expanden mucho).



9. Horneamos durante 8-10 minutos a 180º en el horno precalentado. Cuando salen del horno están blandas; las trasferimos sobre el mismo papel de hornear a una rejilla y las dejamos enfriar.


10. Cuando estén frías, ya podemos llevar a cabo nuestros diseños.

- Para las cajas, ponemos una de las formas enteras como base de la caja, entonces usamos algo "pegajoso" (y comestible) como pegamento, por ejemplo azúcar glaseado, sirope, miel... El "pegamento" lo aplicamos en los márgenes de la base y sobre ésta pegamos uno de los cuadrados huecos. Sobre ese cuadrado aplicamos de nuevo "pegamento" y pegamos el segundo nivel de la caja. Por último rellenamos de lacasitos o lo que queramos y le ponemos la tapa encima, sin pegamento. Con un cordón o una cinta, lo envolvemos como si fuera un regalo. *Si queréis que la cajita sea comestible al completo, también podéis hacer el lazo con regaliz en lugar de tela o cuerda.


- Para el árbol de Navidad, hacemos una torre con las estrellas de mayor a menos y con las puntas mirando en direcciones distintas. En el centro de cada estrella aplicamos un poco de nuestro "pegamento" comestible y le pegamos la siguiente estrella encima. Finalmente, decoramos a nuestro gusto con Lacasitos y lo que queramos. ¡Y ya está!



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