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viernes, 27 de marzo de 2020

Bizcocho danés de cerveza negra


Este bizcocho se conoce como ølkage en Dinamarca y es común servirlo con un té o un café a media tarde, siempre con mantequilla. Se llama bizcocho de cerveza (negra), pero realmente es un pan dulce y especiado, abizcochado.
Es una receta muy antigua y sencilla que se utiliza, por ejemplo, para aprovechar las cervezas sobrantes de Navidad, y es que la cerveza típica navideña en Dinamarca es oscura y densa, de malta tostada, lo cual contrasta con su nombre, hvidt øl, que significa "cerveza blanca". También las llamamos nisseøl, cervezas de duendes, porque en torno a Navidad se ofrece esta cerveza negra y unas gachas de arroz a los duendes, como expliqué en mi receta de las gachas

La receta me la confió una señora que iba conmigo a rehabilitación en piscina y nos preparó esta delicia para la fiesta de despedida.

Ah, aguanta muy bien en una lata o un recipiente de cierre hermético durante un par de días, pero si en algún momento se os seca, podéis hacer tostadas con él y volverlo a disfrutar; queda riquísimo.

  • 500 g de harina de trigo
  • 400 g de azúcar mascabado (tipo panela húmeda, brunfarin en danés)
  • 1 cucharadita de bicarbonato de sodio
  • 1 cucharadita de cardamomo en polvo
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 1 cucharadita de clavo en polvo
  • 1 cucharadita de jengibre en polvo
  • 33 cl de cerveza negra (dark ale, brown ale, hvidt øl, nisseøl...)


    La preparación:

    1. Se mezclan los ingredientes secos por un lado, preferentemente después de haber tamizado la harina, por ejemplo con un colador de malla fina.


    2. Se incorpora la cerveza y se remueve y se mezcla hasta obtener una masa uniforme; es  densa y muy pegajosa, así que recomiendo usar varillas o un mezclador mecánico.


    3. Engrasamos un molde para pan (7x10x45); lo más efectivo es mantequilla en spray, pero si no, untamos los lados y el fondo con mantequilla. La forma habitual que se le da a este pan es rectangular, como pan de molde, pero también se puede hacer en una bandeja honda para horno.

    4. Vertemos la mezcla en el molde con ayuda de una espátula para no desperdiciar nada y metemos el bizcocho al horno FRÍO a 175º y le damos en torno a una hora con calor arriba y abajo; yo le doy 55 minutos y luego 5-20 minutos más hasta que está cocinado por dentro. Para comprobarlo, pinchamos en la parte más alta y gruesa con un palito fino o un cuchillo; si sale totalmente limpio, está listo; si no, le falta cocción.


    (Si utilizas otro tipo de molde, por ejemplo la fuente honda de horno, el tiempo de cocción será diferente, porque la altura del bizcocho será menor; dale 30 minutos para empezar y luego ve comprobando si hace falta más)

    5. Y ya está. Cuando esté listo, dejamos el bizcocho enfriar sobre una rejilla, para que no sude. Debería salir con facilidad del molde.



    ACOMPAÑAMIENTO DE MANTEQUILLA

    La mantequilla ha de ser salada, para que contraste con el dulzor del bizcocho, pero también se sirve a veces con crema de mantequilla de limón o de naranja. Por supuesto también podéis disfrutarlo solo, con queso de untar o como queráis, pero yo primero os cuento lo tradicional. Os pongo aquí la de naranja, pero el proceso para la de limón es el mismo:
    • 100 g de mantequilla
    • Ralladura de la piel de 1 naranja
    • Un chorritín de zumo de naranja

    1-2-3. Batimos la mantequilla para crear una crema; si está a temperatura ambiente, sobra con un tenedor. Mezclamos con la ralladura y un chorritín de nada del zumo de naranja y dejamos enfriar durante un mínimo de 30 minutos. Listo.



    ¡Buen provecho!

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    sábado, 21 de marzo de 2020

    Migas con chocolate de mi abuela


    Las migas "de pastor" son una receta tradicional española muy rica e interesante; las hay de pan y de harina, pero además, en cada pueblo varía algún ingrediente; por ejemplo, en Aýna las he comido con uvas, en algunos pueblos llevan chorizo y, en otras partes, se acompañan de huevo frito, torreznos, sardinas, pimientos, etc. En casa de mi abuela se hacen de pan; con habas, tocino, ajo y chocolate espeso. Sí, sí, chocolate, que todo el mundo pone cara rara hasta que lo prueba y acaba relamiendo el plato =P Es una variante de las migas andaluzas. Y, al contrario que en otras zonas, no les añadimos pimentón.

    Se trata de una receta de reciclaje en la que se aprovecha el pan que ya tiene un día o un par; el llamado "pan sentado", y la tradición manda que se coman en días lluviosos. Es curioso que antaño se comieran para desayunar, pero hoy en día son más bien una tapa o plato principal para mediodía.
    Tiene su origen en la gastronomía andalusí, probablemente inspirado en el plato árabe "tharid". La costumbre de cocinarlas con trocitos de grasa de cerdo frita (torreznos) viene  precisamente de los tiempos de la Reconquista; era una forma de distinguir a los cristianos viejos de los musulmanes y falsos conversos. Por cierto, ¿sabías que el refrán "Hacer buenas migas con alguien" viene de este plato?

    Para 4 comensales, más o menos (las cantidades de mi abuela van a ojo de buen cubero):

    • Aprox. 1/4 de un pan de kilo
    • 100 g de tocino
    • 4-5 dientes de ajo
    • Aprox. 300 g de habitas baby (pueden ser congeladas)
    • Sal
    • Pimienta negra
    • Aceite de oliva
    • Aprox. 100 g de chocolate en polvo para chocolate a la taza espeso (mi abuela usa Valor, pero otros sirven también)
    • Aprox. 400 ml de leche

    La preparación:

    1. Desmenuzamos el pan (con corteza) con la mano, nos podemos ayudar con un cuchillo. Nos mojamos las manos con agua y humedecemos ligeramente el pan.


    2. Cortamos el tocino en taquitos. Si lleva una corteza muy dura, se la podemos quitar; al gusto.


    3. Calentamos 1-2 cucharadas de aceite en una sartén y freímos las habas (si son congeladas, se pueden freír directamente sin descongelar). Cuando estén, se sacan de la sartén y se reservan.


    4. Cortamos cada diente de ajo en 2-3 rodajas gruesas. En la misma sartén o en otra, según la prisa que tengamos, doramos un poco los ajos pelados y cortados con otra cucharada de aceite. Los podemos sacar de la sartén en cuanto se doren un poco, para que no se quemen, o dejarlos mientras freímos el tocino.

    5. En la misma sartén, freímos el tocino en taquitos. Le damos bastantes vueltas para que se cocine de forma uniforme.


    6. Cuando el tocino tenga ya buen color, añadimos el ajo, las habas, las migas de pan, sal y pimienta. Removemos y mezclamos, siempre con cuchara de madera. Las migas se dejan al fuego (bajo-medio) hasta que estén tostadicas; las movemos de vez en cuando.



    7. Mientras tanto preparamos el chocolate. En casa de mi abuela son bien recibidas las sobras; como mi abuela dice: "Tú echa sin miedo, que luego viene Isabel (mi tía) y sopa en el chocolate que sobre." Así que, como referencia, os digo que son unos 50 g de chocolate en polvo por cada 200 ml de leche, y que para 4 personas hicimos unos 100 g de chocolate, pero vamos, depende de quién coma y cuánto.
    Mi abuela lo mezcla en frío; primero echamos el chocolate en polvo a un cazo, luego añadimos la leche y removemos para que se mezcle bien.

    8. Entonces llevamos el cazo al fuego a fuego vivo al empezar, siempre removiendo. Cuando dé un  hervor, bajamos a fuego lento y seguimos removiendo hasta que quede a nuestro gusto de espeso. Si tardamos en servir, se espesará más, pero siempre se puede corregir con un chorrito de leche más.


    9. ¡Y ya está! Solo queda servir las migas, sacar el chocolate a la mesa y disfrutar. Aconsejo mirar a ver si los ajos se han quemado, en cuyo caso, los sacaremos antes de servir.



    ¡Buen provecho!

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    domingo, 15 de marzo de 2020

    Alfajores de maizena con dulce de leche


    ¡Ay qué alegría, que nos vamos a Argentina! Llevo media vida queriendo hacer el viaje, pero bueno, de momento me conformo con viajar desde mi cocina con Cocinas del mundo, que siempre es un placer.

    Esta receta tengo que dedicársela a mi boludito, a Gus, a su madre, y a mi padre, que nos trajo de Argentina los primeros alfajores que probamos, y además estos son sus favoritos.


    La verdad es que recomiendo esta receta porque la textura del alfajor quedó perfecta y de sabor estaban tremendos; está basada en las indicaciones de Paulina, pero con mis trucos. No les puse tanto dulce de leche como a veces se les pone porque es muy dulce y empacha bastante, pero eso ya al gusto. Vamos, mi vikingo se comió tres seguidos y hubiera seguido, pero quería regalar algunos y los escondí jeje

    El dulce de leche al que estoy acostumbrada, tanto el que me traían de Argentina como el que compraba en España, es más oscuro y algo más denso. Pero aquí en Dinamarca este es un producto desconocido y bastante suerte tuve que lo encontré. Desde luego, el sabor era tal cual tenía que ser, y al día siguiente el relleno estaba mucho menos blando.

    Con estas cantidades me salieron 20 alfajores:

    • 150 g de maizena
    • 100 g de harina 0000 (= poca proteína, poco gluten, para repostería, no pan y pasta)
    • 80 g de azúcar
    • 100 g de mantequilla a temperatura ambiente
    • 2 yemas de huevo
    • 1 cucharadita de levadura química (polvo para hornear)
    • 1 cucharadita de esencia de vainilla
    • 400 g de dulce de leche
    • Coco seco rallado

    La preparación:

    1. En un cuenco (a mano o a máquina) mezclamos la mantequilla, el azúcar y la esencia de vainilla hasta tener una mezcla cremosa, con consistencia de pomada. 


    * Si se te olvida sacar de la nevera la mantequilla antes de tiempo, puedes acelerar el proceso de ablandarla cortándola en lonchas con un pelador de verduras o un cortador de queso. Pero no la fundas. 



    2. Añadimos las dos yemas de huevo y batimos de nuevo. Mi método favorito para separar yemas y claras es el de la botella: usar una botella de plástico para "absorber" la yema, cual abducción extraterrestre. Aprietas el cuerpo de la botella, colocas la boca de la botella junto a la yema (sin romperla) y dejas que la botella recupere el oxígeno y vuelva a su forma original; así absorberá la yema.


    3. Incorporamos entonces la maizena y la harina. Siempre saldrá mucho mejor si tamizamos; sobra con utilizar un tamiz o colador de agujero fino. Añadimos la levadura química.

    4. Parecerá una masa muy seca, pero es cuestión de ir mezclando con la mano hasta tener una masa homogénea. Le damos entonces 15 minutos de reposo.



    5. Lo siguiente es estirar la masa; yo para eso siempre uso dos láminas de papel de hornear, así no se pega la masa al rodillo. Podemos aplanar primero con la mano y luego seguir con el rodillo. El grosor varía de receta en receta, pero yo diría que unos 0,5 cm es ideal, porque así al montar el alfajor, queda una altura de unos 3-4 cm.


    6. Ahora vamos a cortar las tapitas y podemos usar cualquier cortador, vaso o similar de unos 6-7 cm de diámetro. Cuando terminemos de sacar círculos, juntamos la masa sobrante y continuamos hasta que no quede nada. Los vamos colocando sobre papel de horno.

    7. A continuación les damos unos 10-15 minutos en el frigorífico, mientras el horno se calienta a 180º.

    8. Ahora sí, ha llegado el momento de hornear las tapitas durante unos 10 minutos. Después las sacamos y las dejamos enfriar, preferiblemente sobre una rejilla, para que no suden. Se enfrían bastante rápido, al menos aquí en Dinamarca ;)


    9. Lo siguiente es rellenar con el dulce de leche, tapar, y, como es típico, podemos cubrir con coco rallado alrededor; yo hice la mitad con coco y la mitad sin él.


    ¡Y listo! Quedan buenísimos y, para mi gusto, incluso mejor al día siguiente, ya reposados.
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    lunes, 2 de marzo de 2020

    Pizza con masa de boniato y avena


    ¡Qué bueno quedó este invento! Es una receta de aprovechamiento; tenía boniatos que gastar, un poco de queso azul que amenazaba con jubilarse, una cebolla que me había sobrado de otra receta... Y de un antojo y la vena de reciclaje, salió esta maravilla de pizza con masa de boniato y avena. 

    Evidentemente la masa se puede combinar con muchos ingredientes diferentes, pero el contraste dulzón del boniato con el queso azul y la cebolla es un acierto total y desde luego lo recomiendo.

    Para una pizza mediana utilicé las siguientes cantidades, pero según lo fina que hagamos la masa, quedará más grande y más crujiente o menos. Al mismo tiempo, cuanto más fina, más frágil, pero hay que aplanarla lo suficiente para que pueda tomar consistencia de masa y para que los bordes queden crujientes. 
    Este tipo de pizzas no son lo mismo que las de masa de harina, evidentemente, pero esta en concreto está buenísima y a mí en cualquier caso me quitó el antojo de pizza ;)

    Para la masa:
    • 300 g de boniato
    • 50 g de copos de avena
    • 1 huevo
    • Sal 
    Sobre la masa:
    • 150 g de salsa de tomate con albahaca y orégano
    • Queso azul al gusto; en mi caso Blue Stilton, pero roquefort y gorgonzola sirven igual.
    • 1 chalota mediana
    • 200 g de mozzarella rallada

    La preparación:

    1. Hervimos los boniatos pelados.

    2. Los hacemos puré y los dejamos enfriar. Aquí en Dinamarca sobra con dejarlos 5 minutos junto a la ventana abierta ;) Entonces mezclamos con un huevo, la avena y un poco de sal; no hace falta mucha sal porque el queso azul ya es salado de por sí.


    3. Extendemos la masa sobre papel de horno y con una espátula aplanamos y damos forma. Como decía, tiene que ser fina, pero no tanto que se rompa de mirarla. Un truco para que no se rompa luego, es usar un spray o un pincel para engrasar una pizca el papel de horno con aceite antes de formar la pizza.


    4. Le damos 10-15 minutos a 180º en el horno precalentado. Pasada la mitad del tiempo, le damos la vuelta a la masa; yo utilizo otra hoja de papel de horno, pero también se puede hacer con un plato grande, como si fuera una tortilla de patatas.


    5. Entonces cubrimos con la salsa de tomate con hierbas, después esparcimos el queso rallado y ya distribuimos trocitos de queso azul al gusto. Yo usé mucho, pero eso ya, como tú quieras. Para terminar repartimos aritos finos de cebolla por la superficie.


    6. Le damos 10 minutos más en el horno y a disfrutar.


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    jueves, 20 de febrero de 2020

    Galletas danesas de avena y chocolate


    Estas galletas están inspiradas en las galletas de avena danesas; me apetecía hacer galletas de chocolate para regalar, así que hice una combinación basada en esta.

    Salen muy ricas, la verdad. Se pueden hacer más planitas o así como coquitos, pero así me gustan bastante porque el interior queda abizcochado y el exterior un poco crujiente.

    Con estas cantidades salen unas 20. En realidad yo uso un medidor de decilitro para estas cosas, así que os traduzco a la equivalencia en gramos, pero os pongo también la cantidad en dl por si acaso.

    • 90 g de copos finos de avena (aprox. 2 dl)
    • 90 g de harina (aprox. 1,5 dl)
    • 100 g de mantequilla a temperatura ambiente
    • 75 g de chocolate puro
    • 1,5 cucharadas de cacao puro en polvo (sin azúcar) 
    • 100 g de azúcar de caña (aprox. 1 dl)
    • 160 g de sirope (aprox. 0,5 dl)
    • 1 huevo
    • 2 cucharaditas de esencia de vainilla
    • 1 cucharadita de levadura química
    • 1/4 de cucharadita de sal gorda


    La preparación:

    1. Picamos bien el chocolate, a mano o a máquina.

    2. Montamos la mantequilla, el azúcar, el cacao en polvo, la esencia de vainilla y el sirope con unas varillas. Añadimos entonces el huevo y montamos de nuevo.


    3. Añadimos entonces los copos de avena y la harina, la levadura química y sal sal. Mezclamos bien y después añadimos los trocitos de chocolate con su polvo de chocolate.



    4. Repartimos montoncitos de masa sobre papel de hornear en una bandeja para horno.

    5. Horneamos en el horno precalentado a 200º durante 10 minutos con la bandeja en la mitad del horno.

    * Antes de comérnoslas, les damos unos 5 minutos de reposo, preferiblemente sobre una rejilla, para que no suden; están mucho mejor cuando la temperatura y los sabores se han asentado.

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    domingo, 16 de febrero de 2020

    Lentejas aragonesas al moscatel


    ¡Nos vamos a Zaragoza con Cocinas del mundo! Y como no podía ser de otra manera, esta entrada se la dedico a Alberto, mi maño favorito. 
    Pese a que me hacía ilusión, también me preocupaba este destino, porque veía muy difícil encontrar los ingredientes necesarios aquí en Dinamarca. Así que no tenía nada claro qué acabaría haciendo. Rebuscando y rebuscando descubrí la receta de las lentejas aragonesas; una receta de antaño que viene más bien de la zona de Huesca, pero que no deja de ser un plato maño y que muchas familias cocinan en Zaragoza.

    De pequeña las lentejas eran mi comida favorita; estas lentejas aragonesas me llamaron la atención porque son bastante diferentes de las que preparamos en el sur, de donde yo soy. Además, cuando vi que se terminaban con un chorro de Moscatel, no me pude resistir. Por lo que he leído, hay zonas en las que se estila más un chorro de aguardiente, y otras en las que eligen vino dulce. A mí me apeteció mucho probar una receta que las prepara con Moscatel, así que hice inventario: Moscatel en la bodega ✔, un taco de jamón serrano que me trajo mi madre ✔, lentejas pardinas que me trajeron de mis tías ✔, morcilla de la zona que me regaló mi amiga María y que tenía congelada ✔... Decidido. Me inspiré en estas dos: esta y esta.


    La verdad es que nos encantaron; es un plato cargadito de sabor, reconstituyente y encima fácil de preparar. Repelamos el plato que daba vergüenza vernos. 
    Llevan verduritas, como veréis, pero además leí que hay quien añade patata y/o zanahoria.
    He de decir que yo pretendía hacerlas al chup-chup, es decir, a la vieja usanza y fuego lento, pero teníamos mucha hambre y las acabé haciendo en la olla rápida. Hice en teoría para 2 personas, pero es un plato potente; da fácilmente  para 4 raciones.

    • 150 g de lenteja pardina
    • 2 morcillas de la zona, de arroz o cebolla
    • 100 g de champiñones (en mi caso parisinos, los marrones, porque prefiero el sabor)
    • 1 cebolla pequeña
    • 1 puerro
    • 1 zanahoria mediana
    • 1 tomate maduro (3 de pera en mi caso, porque aquí son pequeños)
    • 1 taquito de jamón serrano, de preferencia ibérico
    • 1 chupito generoso de Moscatel
    • 1-2 hojitas de laurel
    • Aceite de oliva
    • Sal y pimienta negra
    • Agua


    La preparación (en olla rápida):

    1. Empezaremos sofriendo el puerro y la cebolla, cortados en trocitos pequeños, en un poco de aceite de oliva y sal. Movemos de vez en cuando.

    2. Pasados un par de minutos, añadimos el champiñón y la zanahoria en trocitos y mezclamos.

    3. Añadimos al poco el tomate troceado y movemos para que se mezclen los sabores. Hay quien lo pela, pero en la piel están la mayoría de vitaminas y al ser un guiso tipo puchero, luego se deshace y no te la encuentras.



    4. Pasados un par de minutos, entran en juego las lentejas, el taquito de jamón troceado, el laurel y las morcillas. 


    5. Cubrimos con agua (lo suficiente; es un plato de caldo espesillo, pero no una sopa). Y a cocer. En mi olla son 15 minutos; mirad qué dice vuestra olla sobre las lentejas.


    6. Pasado ese tiempo, sacamos el vapor de la olla, apagamos el fuego, añadimos el chupitazo de Moscatel, movemos y dejamos reposar un par de minutos. Yo saqué el licor a la mesa para quien quisiera más.

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    domingo, 19 de enero de 2020

    Cochinita pibil yucateca


    Empezamos un nuevo año del reto Cocinas del mundo y nos vamos a... ¡México! En concreto a Yucatán. No es una región que yo conozca mucho, pero igualmente me hace ilusión el viaje porque siento que me acerca a mis amigos mexicanos. Mi padre pasó una temporada en Chiapas, pero es otra historia...

    Este reto me pilla de viaje, así que temía que me tocara elegir una receta sin complicaciones. Pero tuve la suerte de encontrar una tiendecilla latina donde encontré pasta de achiote, el ingrediente esencial de esta receta. Y ya cuando vi que también tenían hojas de plátano, no me quise contener; así que me fui a por el cerdo para preparar esta cochinita pibil yucateca. Hay diferentes formas de preparar este platillo; según la zona se utilizan naranjas agrias en lugar de limón, la salsa lleva la cebolla picada o en láminas...Yo hoy he seguido esta receta, pero también he leído aquí y allá para aprender más.

    Lo de "cochinita" es evidentemente carne de cochino, cerdo, chancho, gorrino, o como quieras llamarlo. Lo de "pibil" significa "bajo tierra" en maya. Y es que esta receta se prepara tradicionalmente cociendo la comida en un horno subterráneo (pib en maya), enterrada envuelta en hojas de plátano (Pero en el día a día se usa mucho el horno, claro). Es una técnica de cocción lenta que deja la carne muy tierna.

    Esta carne se prepara con frecuencia para servir en taquitos y tortillas en general. Siempre se acompaña de salsa xnipec, bien rica si te gustan la cebolla cruda y los cítricos. A mí la verdad es que me ha encantado esta receta. Para 3-4:

    • 750 g de carne de cerdo (en mi caso, tacos magros)
    • 45 g de pasta de achiote
    • 60 ml de zumo de limón
    • 120 ml de zumo de naranja
    • 2 hojasgrandes de plátano (o varios trozos generosos)
    • 120 ml de aceite vegetal o manteca derretida
    Salsa xnipec:
    • 150 g de cebolla morada
    • 120 ml de zumo de naranja
    • 100 ml de zumo de limón
    • Guindilla al gusto o según la tolerancia de cada uno; en la receta original son 3 chiles habaneros
    • 1 pizca de sal

    La preparación:

    1. Antes de nada preparamos el adobo para que la carne pueda marinar un mínimo de 8 horas, preferiblemente hasta el día siguiente. Disolvemos la pasta de achicote en el zumo de naranja y de limón. Simplemente removemos con un tenedor y vamos chafando también para deshacer grumos y que espese. 


    2. Añadimos una pizca de sal, mezclamos con la carne, tapamos y metemos al frigorífico a que marine.


    3. Ya que estamos, podemos preparar la salsa y dejar que repose también. Picamos finito la cebolla (en otras recetas va cortada a juliana). Mezclamos con el zumo de limón y el zumo de naranja y añadimos una pizca de sal. Lo siguiente es el picante; para la receta original, se pasan por una llama abierta los chiles y se trocean. Yo cocinaba para personas con muy poca tolerancia al picante, así que usé un pimiento de cayena seco chiquitín.


    4. Al día siguiente, precalentamos el horno a 165º mientras envolvemos la carne. 
    Antiguamente había que humedecer y pasar con destreza por el fuego las hojas de plátano para ablandarlas. Hoy en día las venden ya preparadas; como mucho hay que descongelarlas. Así que colocamos una hoja a lo largo y otra a lo ancho en un recipiente apto para horno (o varios trozos lo suficientemente grande. 


    5. En el centro servimos la carne con su jugo y la rociamos con el aceite o la manteca derretida. Entonces vamos doblando las hojas de plátano hacia dentro para cubrir la carne.

    6. Vertemos un poco de agua con una cuchara sobre el paquete que hemos hecho con las hojas de plátano; esto es para que no se quemen las hojas. Cubrimos con papel de plata y horneamos a 165º durante 2 horas. Pasado ese tiempo, comprobamos que la carne esté tierna y se pueda desenhebrar con facilidad. Si no, le damos algo más de tiempo.


    7. Y listo. Sacamos a la mesa la carne en su salsa, tortillas enteras o en triángulos, nuestra salsa maya, aguacate y, si apetece, también quesillo blanco.

    ¡Buen provecho!

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