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miércoles, 26 de octubre de 2022

Pastel de pera y mollitas


¡Nos vamos a Chile con Cocinas del mundo! Concretamente a X Región de los lagos. Vi recetas muy interesantes típicas de la zona, pero requerían ingredientes locales que me es imposible conseguir aquí en Dinamarca.

Pero vi que se estilan mucho los pasteles o "kuchen" de estilo alemán. Ese tipo de pastel también es común aquí en Dinamarca, y yo llevaba tiempo con ganas de preparar un pastel típico de miguitas o mollitas. Aquí en Dinamarca los he comido sobre todo con relleno de manzana, pero encontré esta receta chilena con relleno de pera y allá que me fui a cosechar yo misma las peras para preparar el pastel. 

Elegí esta receta porque la misma preparación de la masa sirve para la base y para las mollitas, además, me gustó que también llevara crema pastelera. Sin embargo, me pareció que la receta no estaba del todo correctamente explicada y los tiempos no cuadraban en absoluto con la realidad. Tal vez eran tiempos para cocina de fogones, pero yo tuve que hacer muchos ajustes para que resultara bien. Además, yo hice mi pastel sin azúcar, aunque se puede hacer con azúcar refinada normal y corriente.

Invité a mis suegros y también le llevé a mis vecinos. Todos quedaron encantados.

Para unas 12 porciones:

Masa:

  • 300 g de harina de trigo común 
  • 100 g de mantequilla
  • 100 g de azúcar (en mi caso, Sukrin, azúcar granulado para diabéticos)
  • 16 g de levadura química
  • 1 huevo

Compota de pera:

  • Aprox. 600 g de pera (ya peladas y descorazonadas)
  • 4-5 cucharadas de azúcar morena (en mi caso, Sukrin, azúcar granulado para diabéticos, tipo mascabado)
  • 2 ramas de canela
  • 6 clavos de olor

Crema pastelera de limón:

  • 400 ml de leche (semidesnatada en mi caso) o 200 ml de nata y 200 ml de agua
  • Piel de un limón (en trozos grandes)
  • 100 g de azúcar (en mi caso, Sukrin, azúcar granulado para diabéticos)
  • 3 yemas de huevo
  • 40 g de maizena

Salsa de pera:

  • 200 ml del jugo de la compota de pera
  • 2 cucharaditas de maizena 


La preparación:

La masa

1. Mezclamos la harina, el azúcar, la levadura química y la mantequilla (fría y cortada en cubos). Yo este paso recomiendo hacerlo con varillas de mano o robot de cocina para no fundir la mantequilla al manejarla con las manos.

2. Agregamos el huevo y seguimos mezclando hasta que se formen mollitas/miguitas. Si tus miguitas son muy finas, no te preocupes, después podrás darles forma con la mano.

3. Dejamos reposar la masa en el frigorífico durante unos 30 minutos (o mientras que preparamos el resto de elementos).

* Aprovechamos para precalentar el horno a 180°C.

Compota de pera

4. Pelamos y descorazonamos las peras, cortamos cada una en 4 trozos de tamaño similar.

5. Ponemos los trozos de pera a hervir con 500-600 ml de agua, el azúcar, las ramas de canela y los clavos de olor. Cocemos a fuego lento-medio hasta que estén tiernas, unos 20-30 minutos. Si al pincharlas con un tenedor o cuchillo, ni se quedan clavados en la pera, ya están.

Lo de cocer a fuego lento-medio es para que no se evapore mucho líquido, ya que nos hace falta para la salsa, y para que se infusiones el líquido. Pero si tienes prisa, sube el fuego y tapa la cazuela, irá más rápido. 

Cómo vamos a triturar a máquina, no hace falta que estén blandísimas que se deshagan solas; si vas a hacer la compota a mano con un tenedor o pasapurés, te harán falta más blandas.

6. Separamos las peras del jugo (reservamos el jugo) y trituramos las peras para obtener un puré o compota. 

Crema pastelera de limón

7. Ponemos la leche a hervir con la piel de limón hasta que hierva. De nuevo, la receta original dice a fuego lento, pero es imposible conseguir una crema y en el tiempo que promete a fuego lento. Yo recomiendo fuego lento-medio durante 5 minutos para infusionar la leche y, después, 5-10 minutos a fuego vivo hasta que de un hervor.

8. Mientras tanto batimos en un cuenco las yemas con el azúcar con unas varillas o un tenedor, incorporamos también la maizena y mezclamos bien de nuevo.

*Hay muchas trucos para separar las yemas de las claras; lo más fácil es poner el contenido del huevo sobre el interior de la palma de la mano, dejar que la clara se cuele entre los dedos a un cuenco y que la yema se quede sobre la palma y la pasamos a otro cuenco.


 
9. Sacamos la piel de limón de la leche. Vertemos la leche hervida lentamente en el cuenco donde tenemos la mezcla de las yemas y removemos para que se integren los elementos.

10. Devolvemos la leche ya mezclada a la olla y cocemos a fuego lento-medio batiendo con fuerza hasta que la crema espese. Se puede subir el fuego de vez en cuando para acelerar el proceso. La receta original dice que tarda 2 minutos, pero son más bien 10. Reservamos.

El horneado 

11. Preparamos un molde de 28 cm de diámetro; engrasamos con mantequilla y espolvoreamos con un poco harina. No hace falta que el molde sea desmontable, el mío era de cerámica y los trozos de pastel salían sin problema.

12. Sacamos la masa de miguitas del frigo, volcamos 2/3 de la masa y aplastamos con las manos y/o una espátula o cuchara para que se unan las mollitas y se forme una base de superficie lisa. Yo me ayudé de una bolsa de plástico para alimentación para que no se me pegara la masa a la mano.

* (A mí me salieron 556 g de masa en total; es decir, 2/3 serían 372 g)

13. Repartimos la compota de pera sobre la base de masa y después añadimos una capa con la crema pastelera. En mi experiencia, es imposible que no se mezclen un poco en este paso. Alisamos la superficie y listo.

14. Por último espolvoreamos con las mollitas de la masa que nos queda para cubrir toda la superficie; si queremos algunas mollitas más grandes, las formamos fácilmente con los dedos.

15. Horneamos durante unos 40 minutos (hasta que tome colorcillo por arriba) a 180°C.


La salsa caliente de pera

* Este elemento es opcional. Yo lo recomiendo, pero si no te apetece, también puedes beberte el jugo de pera en frío o en caliente, puedes mezclarlo con agua o leche o beberlo tal cual.

16. Tendremos unos 500 ml de jugo, nos hacen falta unos 200 ml para la salsa. El resto se puede beber solo, con té, con agua, con hielo... O puedes usarlo todo y hacer más salsa. En cualquier caso, sacamos el anís y la canela del jugo. 

17. Vertemos el jugo en un cazo o una sartén antiadherente, añadimos la maizena y removemos. Cocinamos a fuego medio-fuerte durante unos 5 minutos o hasta que espese. 

La degustación

18. Deja el pastel reposar y enfriar mínimo 5 minutos después de sacarlo del horno. Así las porciones guardarán la forma al servir. Se puede comer frío o templado, pero se recomienda que la salsa se sirva caliente.

Nosotros lo disfrutamos con una taza de té y servimos el pastel con una cucharada de creme fraiche (como es común aquí en Dinamarca para complementar el sabor dulce).


 ¡Buen provecho!

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domingo, 18 de septiembre de 2022

Ensalada templada de Washington


Este mes nos vamos con Cocinas del mundo al estado de Washington (que no es lo mismo que Washington DC, capital de EE. UU.). Mi vikingo pasó un año en el estado de Washington, así que pensé que tal vez me podría ayudar. Pero no recordaba ninguna comida típica de allí, solo comida norteamericana en general. Así que tiré de internet y acabé haciendo esta ensalada templada de espinacas baby frescas, queso ricotta, pistachos y más cosas ricas.

La verdad es que no se me hubiera ocurrido rehogar la manzana para una ensalada, y menos en mantequilla. Para mí, cuanto más frescos se ingieran los ingredientes, mejor, para que conserven el mayor número de nutrientes. Pero me ha gustado probar este invento y me gusta en general descubrir nuevas ensaladas motivadoras. De hecho, suelo evitar las espinacas en crudo y con esta ensalada repetí tres veces...

La receta original es de aquí, aunque hice un par de ajustes. No es que sea una receta conocida por todos en el estado de Washington, pero sí es receta de una señora de allí.

Puede ser un buen plato vegetariano, pero también combina bien con carne y pescado. En cualquier caso, es una opción fresca y ligera, perfecta para estos días de calorazo; el jengibre fresco le da un toque fresco y roquero.

Con estas cantidades da para 4-6, según si es plato único, guarnición o ensalada para compartir:

  • 100 g pistachos sin cáscara
  • 200 g de manzana con piel (2 medianas)
  • Aprox. 150 g de espinacas baby frescas (en mi caso, 75 g de espinacas y 75 g de Otra ensalada de hoja verde, como canónigos, ensalada, brotes de guisante, radicchio...)
  • 3 cucharadas de mantequilla
  • 1 cucharadita de jengibre fresco rallado
  • 250 g de ricotta 
  • 2 cucharaditas de mostaza Dijon (en mi caso Dijon de miel, que es la única que me gusta)
  • 1 cucharada de miel
  • Sal y pimienta al gusto


 La preparación: 

1. Calentamos la mantequilla en un cazo y enseguida añadimos el jengibre rallado (no hace falta ni pelarlo, pero como queráis) para que se aromatice.

2. Añadimos la manzana sin pelar pero cortada en dados y le damos 3-5 minutos a fuego vivo para que se ablande y caramelice.

* Se puede dejar la manzana ya preparada de antes. Para que no se oxide y se ponga oscura, sobra con guardarla en un tupper u otro recipiente hermético.

* Igualmente, si los pistachos que tienes son con cáscara, puedes sacarlos en vualquier momento y tenerlos ya listos para la receta.

3. Incorporamos los pistachos y la mostaza, removemos y dejamos cocer a fuego lento durante unos 5 minutos para que se unan los sabores. 

4. La receta dice que se eche la miel al final por todo, pero me pareció mejor mezclar la miel con la manzana y demás del cazo. Además, como la miel que tenía no era líquida, cambiar este paso me permitió fundirla. Así que, poco antes de retirar el cazo del fuego, añadimos la miel y mezclamos bien con el resto. 

5. Para servir la ensalada, primero servimos una cama de espinacas, después distribuimos montoncitos de ricotta con una cuchara, repartimos la mezcla de manzana y pistachos por todo y finalmente añadimos sal y pimienta al gusto. Si tu fuente no es muy grande, como la mía, puedes servir en dos capas (servir como explicó aquí y después volver a empezar con otra capa de espinacas y todo lo demás). ¡Y ya está lista!


 ¡Buen provecho!

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domingo, 17 de julio de 2022

Kammerjunker - galletitas de verano danesas


En julio para el viaje con Cocinas del mundo nos centramos en recetas de verano. Yo me quedo en casa esta vez y os traigo estas galletitas danesas que solo se comen en verano: Kammerjunker.

Estas galletas crujientes son compañeras inseparables del koldskål, que es una bebida que parece un yogur muy líquido, pero no lo es; es una gacha muy líquida de suero de leche o cuajada con huevo y, a menudo, vainilla y limón. Hoy en día también lo hay con sabor a fresa. 

El koldskål nunca se bebe, sino que se come con cuchara, con las galletas flotando. Es típico comerlo para merendar, aunque también hay quien lo toma como postre o como almuerzo o cena ligera. Pero siempre en verano. El resto del año no se vende en supermercados, igual que estás galletas. A veces también se comen las gachas con estas galletitas y fresas.

Si en España la población se divide en los que defienden la tortilla de patatas con cebolla y los que la prefieren sin ella, en Dinamarca existe una división entre quienes se comen las galletitas (kammerjunker) enteras y quiénes las rompen en trocitos y las echan al koldskål. Es cuestión de tradición familiar; a mí siempre me enseñaron a romperlas y no concibo comérmelas de otra manera. 

Existen muchas recetas de kammerjunker, pero la elaboración tradicional auténtica incluye dos horneados; uno para cocinar por dentro y otro para secar y dejarlas crujientes. Para eso se cortan en dos, de forma que siempre tenemos galletitas "tapadera" (la parte de arriba) y "base" (la parte de abajo), o como le decimos en danés: "Overkammerjunker" y "underkammerjunker". 

He seguido esta receta porque es la más auténtica que he encontrado. Con estas cantidades salen 80 kammerjunker (40 galletas abizcochadas que se cortan por la mitad y se vuelven a hornear para que queden crujientes). En menos de 1 hora y con poco esfuerzo se pueden tener listas.

  • 225 g de harina de trigo común
  • 75 g de azúcar de caña (se puede sustituir por azúcar blanco)
  • 1 cucharada de bicarbonato sódico
  • Ralladura de piel de 1/2 limón
  • 1 cucharadita de vainilla en polvo (se puede sustituir por azúcar avainillado)
  • 100 g de mantequilla fría
  • 1 huevo 
  • 1 dl de leche (la que tengas; sirve cualquiera menos la que en Dinamarca se llama skummetmælk, una súper desnatada con 0,1-0,3% de grasa. La desnatada de España tiene 1%. También lo he probado con koldskål y salió bien)


La preparación:

- Empezamos precalentando el horno a 200° en función ventilador. La receta original dice que se metan las bandejas ya al horno, pero yo no lo hago porque la mantequilla de la masa se empieza a derretir si la bandeja está caliente cuando colocas las bolitas de masa por encima.

1. En una minipimer u otro robot de cocina/, procesador de alimentos echamos la harina, azúcar, bicarbonato sódico, ralladura de piel de limón y azúcar avainillado. Añadimos la mantequilla fría cortada en dados.

2. Mezclamos bien durante unos segundos. Quedará una mezcla uniforme de grumos sexos, como migas de harina.

3. Añadimos la leche y el huevo y mezclamos de nuevo durante unos segundos. Lo suficiente para que se mezclen todos los ingredientes.

* Es importante no trabajar demasiado la masa para que la mantequilla no se caliente y se ablande. 

4. Sacamos toda la masa con ayuda de una espátula. Si la masa es lo suficientemente firme y manejable, separamos en 4 partes de unos 130 g cada una. 

Sobre la mesa ligeramente enharinada hacemos una salchicha con cada parte de masa. Luego cortamos la salchicha en 10 trozos iguales (Aprox. 13 g cada uno) y los redondeamos un poco.

* Si la masa está demasiado blanda como para rularla, tenemos 2 opciones: Meterla a la nevera durante unos 30 minutos para que se endurezca un poco o, como yo hice el día de las fotos, poner la masa en una manga pastelera (o simplemente una bolsa de plástico de cocina con un tijeretazo en la punta) y hacer montoncitos sobre una bandeja de horno con papel de hornear.

5. Usemos el método que usemos, es importante dejar espacio entre las bolitas o los montoncitos; las galletitas crecer en el horno y acaban siendo del tamaño de una nuez en su cáscara.

6. En el primer horneado les damos 8 minutos en el horno precalentado a 200°C con función ventilador. Tomarán un poquito de color.

7. A continuación sacamos las galletitas del horno y bajamos la temperatura del horno a 150°C.  Las dejamos enfriar un poquito hasta poder sujetarlas en la palma de la mano.

* Así, después del primer horneado me encantó el resultado. Quedan unas cimas abizcochadas por dentro y muy olorosas. Guardé unas cuantas para comérnoslas así, y con el resto procedí al segundo horneados.

8. Cuando se hayan enfriado lo suficiente como para no quedarnos, cortamos todos los bizcochitos por la mitad horizontalmente. Yo probé con varios cuchillos, algunos con sierra y otros sin ella. El que más me gustó fue uno pequeño sin sierra. Hay que intentar que las bases y las tapaderas tengan un grosor similar para que se cuezan a la vez. Este proceso lleva unos 5 minutos.

9. Distribuimos todas las mitades sobre la bandeja de horno. Aquí ya da igual que se toquen; no crecen más.

10. Les damos el segundo horneado, que serán 15 minutos a 150°C o hasta que queden crujientes. A lo mejor alguna necesita un par de minutos más para que se seque la miga. Del mismo modo, si algunas mitades te han quedado muy finas, puede que necesites sacarlas antes del horno para que no se tuesten de más.

¡Y ya está! Ya solo queda dejarlas enfriar completamente antes de guardarlas en una caja de hojalata o un recipiente de cierre hermético. Aguantan bien por lo menos durante una semana, pero yo no he conseguido nunca que nos duren tanto porque desaparecen ;)

 ¡Buen provecho!

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domingo, 19 de junio de 2022

Bizcocho de coco de Vanatu

¡Este mes viajamos a Vanatu con Cocinas del mundo! Y si te estás preguntando dónde queda eso, no te preocupes, no estás solo/a. Pues nos vamos a una isla de Oceanía, que es la República de Vanatu.

Para este viaje, yo me he ido a por un dulce. Lo compartí con amigos y vecinos y les gustó mucho el sabor y la textura húmeda y blanda de este bizcocho. Pero a quienes más le gustó fue a mi vikingo y mi mini-vikingo. Y, por eso, y pese a que los cocos son escasos, diminutos y caros aquí en Dinamarca, la he vuelto a hacer y ha vuelto a desaparecer sin dejar migas. Eso sí, el truco de este bizcocho está precisamente en usar coco fresco. Así se consigue la textura húmeda y el sabor tan auténtico, fresco y natural.

La página donde se publicó originalmente esta receta ya no está disponible, pero, por suerte, sigue en internet gracias a un par de blogs, como este. Yo hice la mitad y aquí pongo las cantidades convertidas a medidas métricas.

  • 190 g de coco fresco rallado (te explico cómo)
  • 113 g de mantequilla sin sal (yo uso con sal porque aquí es prácticamente imposible encontrar otra) ablandada a temperatura ambiente, ¡no derretida!
  • 225 g de azúcar glas
  • 120 g de harina de trigo común
  • 4 huevos 
  • 1,5 cucharaditas de levadura en polvo 
  • 1/2 cucharadita de sal 


La preparación:

* Si, como yo, te sueles olvidar de sacar la mantequilla del frigo antes de tiempo para que se ablande, te digo cómo ablandarla rápido sin fundirla: Corta la mantequilla en cuadrados pequeños. Calienta un vaso con agua dentro en el microondas (o vierte agua hirviendo en un vaso). Vacía el vaso y colócalo boca abajo sobre los dados de mantequilla, como una cúpula. Déjalos tapados durante 10 minutos y estarán listos para cocinar.

* El otro elemento que debemos preparar antes es el coco: Abrimos el coco (yo intento usar un martillo o algo para hacer un agujero antes y sacar el líquido, porque me encanta el agua de coco y, si lo casco contra el suelo del patio, se pierde el agua). El agua de coco, además de estar rica, sirve para que no se sequela pulpa del coco que no nos comamos inmediatamente.


Una vez abierto, vamos sacando la pulpa del coco separándola de las paredes con un cuchillo. A continuación se puede rallar con un rallador, como si fuera queso o una zanahoria. Pero yo utilicé una picadora eléctrica. Fui pulsando poco a poco, para romper los trozos sin que se me hiciera puré. También añadí una cucharadita del agua de coco. Cuando tuve una textura de virutas toscas de coco rallado, lo saqué. Reservamos.

1. Batimos bien el azúcar y la mantequilla a mano o con varillas eléctricas hasta que la mezcla quede cremosa.

2.  Añadimos entonces los huevos uno a uno y mezclamos bien.

3. Vamos incorporando la harina, levadura en polvo, sal y coco rallado. Mezclamos bien.

4. Engrasamos con mantequilla un molde. La receta original dice engrasar y recubrir con papel de hornear. Vertemos la mezcla en el recipiente.

* Yo solo engrasé y me fue bien. Lo hice en un recipiente redondo de cristal apto para horno y no saqué el pastel del recipiente, fui cortando los trozos en el mismo recipiente y salían sin problema. Sí quieres desembolsar, utiliza un molde de silicona o cubre tu molde con papel de hornear.

5. Horneamos durante 60-90 minutos en el horno precalentado a 150°C. Tiene que quedar morenito por arriba.

Y ya solo queda esperar a que se enfríe completamente. Así sabrá mucho mejor y guardará su forma y será mucho más fácil de cortar y sacar.

 ¡Buen provecho!

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domingo, 15 de mayo de 2022

Galletas de parmesano


Nos vamos al Reino Unido (UK) con Cocinas del mundo. Confesaré que este destino no casa mucho con mi estilo gastronómico, con una excepción: ¡La repostería! Scones, galletas de mantequilla, crumble, bizcochos, tartaletas, crumpets, pastel de zanahoria o pikelet... Eso sí me gusta y mucho.

El shortbread, que son galletas de mantequilla típicas de Escocia, es dulce. Son pastas de té, de hecho. Justo acababa de hacer 60 galletas de mantequilla cuando anunciaron el nuevo destino del reto y el olor que inundaba la casa me inspiró. Pero no hice unas galletas cualquiera; hice estas galletas de parmesano de la chef británica Nigella Lawson. Hice la mitad según su receta y después las he hecho un par de veces más con harina integral (de espelta) en lugar de harina de trigo. ¿El veredicto? Facilísimas, rapidísimas y adictivas. En los dos casos.


Para unas 30-40, según el grosor y el radio:

  • 150 g de harina corriente de trigo (con harina de espelta quedan igual)
  • 75 g de parmesano en polvo 
  • 100 g de mantequilla (ablandada a temperatura ambiente, no derretida) * La receta original dice mantequilla sin sal, pero aquí es muy difícil de encontrar y con sal quedaron muy buenas.
  • 1 yema de huevo

* (Cuando hago la mitad, hago: 75 g harina, 50 g mantequilla, 40 g parmesano, 1 yema)


La preparación:

1. Mezclamos los ingredientes con un tenedor o una cuchara; sobra con la mano. No hay que batir ni triturar, solo mezclar

* Es importante que la mantequilla esté blanda y no fundida, porque queremos poder mezclarla sin cambiar su estructura molecular, que la masa no se expanda en el horno y que el resultado sea una textura de masa brisa/agalletada.

2. En el mismo recipiente amasamos durante unos 30 segundos para integrar todos los ingredientes. Si hacemos la receta completa, dividimos la masa en dos; si hacemos solo la mitad, no hace falta.

3. Rodamos la masa hasta formar un cilindro lo más uniforme posible, de unos 3,5 cm de diámetro. Golpeamos ligeramente los extremos con la mano o contra la mesa para aplanarlos. Cómo veréis en la foto, también se puede hacer un cilindro más grande, lo único que pasará es que saldrán menos galletas.

4. Enrollamos el cilindro en plástico de cocina y cerramos en los extremos como si fuera un caramelo. Lo dejamos reposar en el frigorífico durante 45 minutos (o 15 minutos en el congelador, si tenemos prisa).

5. Pasado ese tiempo, desenvolvemos el cilindro y cortamos en rodajas de aprox. 1 cm de grosor (a mí me gustan gruesas, así que no me molesta sí salen un poco más grandes). 

Consejo propio: Gira ligeramente el cilindro después de cortar cada galleta para evitar que la base del cilindro acabé plana.

* Opcional pero recomendable: Antes de hornear, dales 10 minutos más en el congelador o 30 en el frigorífico, sobre todo si has hecho las galletas con dibujo.


* Les podéis dar otra forma o hacerlas con dibujo o mensaje, como estas otras que hice yo con harina integral y un sello:

6. Colocamos las galletas sobre papel de hornear en una bandeja de horno y dales 15-20 minutos en el horno ya precalentado a 180°C. Las galletas deben quedar blanquitas, pero los bordes se dorarán ligeramente cuando estén. Si se usa harina de espelta u otra harina integral, quedarán algo más oscuritas.

Ya solo queda dejarlas enfriar, preferiblemente sobre una rejilla, para que no suden. Es difícil resistirse, pero están aún mejor en frío, cuando han alcanzado su textura ideal.

Si quieres preparar la masa con antelación, puedes dejarla en el frigorífico enrollada en el plástico de cocina durante 1-3 días antes de cortar.

 ¡Buen provecho!

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jueves, 12 de mayo de 2022

Panecillos de espelta


¡
Bieeen! Toca hornear panecillos otra vez, como manda la tradición danesa. Aunque esta vez me he decidido por una versión con harina de espelta. La espelta es un grano con muchas vitaminas y mayor calidad nutricional que el trigo común, pero como la harina de trigo, existe versión integral y versión más refinada. La que más fibra aporta es la integral, pero para esta receta en cuestión hace falta una harina fina, es decir, no integral. Esta receta de panecillos daneses es fácil y rápida y está sacada de aquí.

Todos los años en torno a estas fechas horneo panecillos de este estilo. ¿Sabéis por qué? Porque mañana viernes es "Store bededag" en Dinamarca, gran día de la oración. Hoy en día la tradición no tiene nada que ver con rezar, sino con el pan. 

Antes de la reforma luterana, la iglesia impuso días de reflexión en los que se ayunaba y se rezaba y estaba prohibido trabajar, viajar, o prácticamente cualquier actividad que no fuera rezar. Tras la reforma, se conservaron algunas tradiciones, pero con modificaciones, bien de fechas o bien de normas.

Hans Bagger, obispo de Sjælland, determinó que el cuarto viernes después de Pascua fuera el mayor día de oración y reflexión en la Dinamarca protestante. Eso significaba que los panaderos no trabajaban ese viernes y la gente se acostumbró a comprar panecillos la tarde antes. La idea era tostarlos al día siguiente, pero mucha gente se los comía la noche del jueves, incapaces de resistirse al pan recién horneado.

De ahí viene la tradición de comer panecillos calentitos con mantequilla el jueves por la noche antes del viernes festivos. Los panecillos se llaman varme hveder o hvedeknopper y tradicionalmente se hacen con harina de trigo refinada. No es día de pensar en colesterol ni cosas así. Es el día de decir "un día es un día" y "una vez al año no hace daño".

Pero como ya son muchos años, voy probando cosas nuevas. Y la harina de espelta fina es muy buena alternativa para este tipo de panecillo; quedan blandos, pero con más estructura que los habituales, así que funcionan mejor para bocadillos.

Para unos 10-12 panecillos, según el tamaño:

  • 2,5 dl de agua templada (en torno a 35°C)
  • 75 g de mantequilla derretida y luego enfriada a temperatura ambiente
  • 50 g de levadura fresca prensada
  • 1 cucharada de azúcar
  • 1,5 cucharaditas de sal
  • 1 huevo
  • 8 dl de harina de espelta fina 
Opcional:
  • Media cucharadita más de mantequilla para pincelar
  • Copos de avena


La preparación:

1. Disolvemos la levadura en el agua templada en un cuenco. 

2. Añadimos la mantequilla fundida y enfriada, el azúcar, la sal y el huevo.

3. Mezclamos con la harina, preferiblemente tamizada, y amasamos hasta conseguir una masa lisa y elástica.

4. Dejamos levar mínimo durante 30 minutos en un lugar sin corrientes ni cambios de temperatura.

5. Empezamos a precalentar el horno a 200°C y formamos bolas, en mi caso de 70 g cada una, pero lo puedes hacer a ojo.

6. Las colocamos en fila en una bandeja para horno sobre papel de hornear; deja un poquito de espacio entre ellas, pero no mucho, porque parte del encanto de estos bollitos daneses es que los laterales se pegan entre sí. Yo debería haber dejado menos espacio del que dejé. Los dejamos levar de nuevo, unos 15 minutos, en un lugar sin corrientes ni cambios de temperatura.

7. Horneamos durante 15-17 minutos. Con calor arriba y abajo no me tomaron mucho color, así que la próxima vez le daré los últimos 3-5 minutos con función ventilador.

8. (Opcional) Al sacarlos del horno, los pincelamos con el poquito de mantequilla fundida que nos quedaba y espolvoreamos con copos de avena.

Por último, como siempre, dejamos reposar y enfriar sobre una rejilla para que no suden y terminé de desarrollarse la miga sin apelmazarse. Y a disfrutar :)


 ¡Buen provecho!

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