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jueves, 22 de junio de 2017

Queso fresco casero


En Dinamarca no existe el queso fresco ni nada que se le parezca, así que me puse a investigar cómo hacerlo en casa y resulta que es muy fácil; yo hace meses que hago queso casi cada semana. Este método requiere un microondas, eso sí; también se podría hacer sin él, pero ese método no lo he probado y no os puedo contar cómo funciona.

En cuanto a otras herramientas necesarias, puede ser suficiente con un bol/cuenco apto para el microondas y con capacidad para litro y medio y un colador de malla de agujero fino. Con eso se puede salir del paso. Pero si quieres que tu queso tenga "forma de queso", (la forma que tenemos costumbre de ver) necesitarás un molde de rejilla para escurrir, como el de las fotos o cuadrado; eso da lo mismo. En ese sentido, puede ser cómodo comprar un kit para hacer queso que ya lleve el bol y el molde de rejilla; el mío es de Lékue y lo compré a través de Amazon, pero vamos, que no es indispensable y hay otras marcas que sirven igual.


Ingredientes:
  • 1 litro de leche fresca (no sirve la pasteurizada) *Cuanta más grasa, más grande saldrá el queso, pero personalmente creo que queda mejor de sabor utilizando semi-desnatada.
  • 30 ml de zumo de limón o lima/ 20 ml de vinagre (lo he probado con varios tipos, hasta vinagre de Jerez, y funciona, pero yo prefiero limón)
  • 1 cucharadita de sal
Eso es lo básico, luego ya se le pueden añadir semillas de comino, de sésamo o de chía; miel, hierbas secas, tomates deshidratados, etc. En las fotos de hoy os enseño el básico.


La preparación:

1. Calentamos la leche en el molde en el microondas máxima potencia (750W) durante 14 minutos. No más, porque hierve y se desborda.

2. Sacamos la leche del microondas y le añadimos el elemento ácido; en mi caso, zumo de limón. Removemos.



3. La sal no la añadimos todavía porque, si está muy caliente, puede armarse un volcán. Nos esperamos unos 5 minutos o así, añadimos la sal y removemos para que el limón y la sal lleguen a todo. Le damos 30 minutos de reposo para que "el queso" se separe del suero de leche.


(*El suero de leche no lo tiro; lo uso para marinar pollo y muchas otras cosas, porque la carne queda más tierna; también sirve para hacer bizcochos. Propuesta: Falso pollo frito)

4. Colamos el queso con el molde de rejilla y removemos para deshacernos del exceso de líquido. Si vamos a añadir semillas o especias, este es el momento; removemos para distribuirlas. 



5. Por fin lo metemos en el frigo (la nevera) tapado para evitar que coja olores. En teoría sobra con una hora, pero yo lo suelo dejar más, a veces toda la noche, para que suelte el exceso de agua y quede más prieto. De hecho, yo antes de ponerlo a reposar, lo presiono un poco con algún tarro que quepa para ayudar a que pierda el exceso de líquido y darle forma. En cualquier caso, la textura del queso casera es más blanda que la de los quesos comerciales.



* A veces, si el suero queda menos acuoso y transparente de lo normal, repito el proceso con mismo líquido para asegurarme de sacar todo el queso y separarlo totalmente del suero. 





¡Buen provecho!

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sábado, 17 de junio de 2017

Pan alemán de cebolla y cerveza: Bierzwiebelbrot


Esta receta es un gran clásico alemán; es el pan de cerveza alemán, con el añadido de la cebolla doradita en mantequilla. Se llama Bierzwiebelbrot o Bier- und Zwiebelbrot y ¡ay mamá, si se pudieran capturar los olores en una foto! (Si me imaginas babeando, no estás equivocado). Lo mejor, además de lo buena que está, es que es una receta de pan rapidísima; incluso si te mueves a paso de tortuga en la cocina, no te puede llevar más de 1 hora y 1/2 en total, ya que no tiene que levar ni hay que amasar. A la gente que no tiene costumbre de cocinar, le da respeto hacer pan, pero este lo puede hacer cualquiera, de verdad.

Normalmente, en mi blog intento que, por los ingredientes y/o procedimientos, las recetas sean ligeras. Hago excepciones con las recetas clásicas de mi abuela y en este reto, el de Cocinas del mundo, porque en este caso, le concedo mucha importancia a reflejar los sabores tradicionales y las formas de cocinar de la gastronomía del país elegido, en este caso mi país vecino: Alemania (Deutschland). Así que, aunque normalmente no cocine con mantequilla, hoy veréis que lo hago sin reparos jeje


Bueno, como siempre, hay muchas versiones de las recetas más tradicionales; hay quien usa cerveza negra, pero a mí no me gusta el gusto amargo de esas cervezas, así que me apunté al club de los que prefieren hornear con birra rubia y baja en alcohol. Podéis probarlo varias veces con distintas cervezas y ver cuál os gusta más. Desde luego, así como lo he hecho yo, lo puedo recomendar, porque queda de vicio. Está basada en esta y esta.

  • 410 g de harina leudante, la que ya lleva levadura y sal
  • Una lata de 33 cl de cerveza rubia baja en alcohol; en mi casa una rubia con un 2,7% de alcohol, en concreto una Pilsner light (Pils/Pilsener).
  • 4 cucharadas de mantequilla (por mí, con sal)
  • 300 g de cebolla (330 con piel)
  • 3 cucharadas de azúcar
  • Opcional: 1/2 cucharadita de hojitas de tomillo

La preparación:

1. No perdamos tiempo: Lo primero pondremos a precalentar el horno a 180º. 

2. Picamos la cebolla en trocitos del tamaño aproximado de media uña del dedo pequeño; no hace falta que queden todos uniformes.

3. Derretimos 2 cucharadas de mantequilla en una sartén a fuego medio y entonces añadimos la cebolla picadita. El objetivo es que quede tierna y doradita; mi truco para acelerar el proceso es mantener la sartén tapada unos cuantos minutos a fuego medio-alto y, cuando la cebolla ya esté medio tierna, retiramos la tapa y bajamos una pizca el fuego a medio y pasados unos minutos, removemos. Así alcanzaremos el color doradito y la tendremos tierna en poco más de 5 minutos. Cuando estemos satisfechos, retiramos la cebolla de la sartén y dejamos que se vaya enfriando un poco (si tenemos prisa, extendemos la cebolla sobre un plato plato y lo metemos al congelador).


4. Con unas varillas, mezclamos la harina, el azúcar y la cebolla fría. ¡Ah! Y el tomillo, si queremos, que le da un buen toque.

5. Añadimos la cerveza y mezclamos bien hasta que se forme una masa.


6. Engrasamos un molde y vertemos la mezcla en él.


7. Horneamos a 180º durante 50 minutos.

8. Sacamos nuestro pan del horno y con un cuchillo, un palillo o algo así, hacemos unos 10 agujeros en la superficie. Ahora es cuando entran en acción las otras dos cucharadas de mantequilla; las repartimos por la superficie y dejamos que se cuele por los agujeros.


9. Le damos los últimos 5 minutos en el horno. ¡Y ya está!

10. Dejamos enfriar durante 60-90 minutos, preferiblemente fuera del molde y sobre una rejilla para que no sude. Si cortamos mientras esté caliente, se romperá.


La verdad es que está tan bueno, que sin nada se disfruta, pero os chivo que con mantequilla y queso está riquísimo ;)

¡Buen provecho!

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lunes, 5 de junio de 2017

Ensalada en cestitas de cheddar


Esta receta es mi reinterpretación de los nachos con queso, que sí, que están muy buenos, pero no son para comerlos todos los días; así que aquí tenéis un plato que es saludable, pero a la vez quita antojos. Porque las ensaladas también pueden ser apetecibles.
Esta versión puedes servirla como un cuquísimo entrante o cenártela tan ricamente. Primero hice unas cestitas que quedan crujientes como los nachos y con todo el sabor del queso cheddar; como elemento sorpresa rellené los tomatitos con guacamole, que no podía faltar; y en las cestitas serví una sencilla y deliciosa ensalada que incluye además canónigos y un toque dulce de arándano. Fresco, saludable y colorido pero, sobre todo, buenísimo el invento ;) No le hace falta ningún aliño. Para 8 cestitas:

  • Unos 200-250 g de queso cheddar rallado
  • 27 tomates cherry de colores (3 por cesta)
  • 2 aguacates pequeños o 1 grande
  • 1/2 cebolla
  • Sazonados para tacos o una mezcla similar a esta: comino molido, cilantro molido, pimentón dulce o ahumado picante, pimienta de cayena, sal, ajo y cebolla en polvo, guindilla molida...
  • Canónigos, tanto como queramos
  • Limón
  • Un puñado de arándanos (2-3 por cesta)



La preparación:

1. Vamos a preparar nuestras canastitas. Para eso calentamos una sartén antiadherente a fuego medio-alto (sin aceite). Una vez caliente espolvoreamos con cheddar de modo que formemos un círculo (más o menos, las irregularidades en los bordes quedan luego más bonitas). Dejamos que se vaya fundiendo. 



2. Hay que levantar una esquinita con una espátula para ver si podemos darle la vuelta; si el queso se pega a la espátula, es demasiado pronto. Si no se pega, levantamos con cuidado el círculo con la espátula y le damos la vuelta. No hay que dejar que se cocine de más o quedará muy duro y no podremos darle forma. Le damos un par de minutos por el otro lado, de nuevo hasta que se pueda levantar con la espátula sin que se pegue.


3. Tendremos preparado papel absorbente sobre una superficie y vasos boca abajo sobre el papel absorbente. Deslizamos nuestro círculo de queso con delicadeza sobre el culo del vaso, de forma que quede centrado. Los lados se irán plegando por su propio peso, pero podemos ayudarnos de la espátula para exagerar la forma o doblar más algunas paredes.



4. Dejamos que la cestita se enfríe y así guardará la forma. A continuación reservamos la cesta terminada sobre papel absorbente y seguimos con el resto.


5. Ahora preparamos nuestro guacamole en un periquete. Sacamos la pulpa del aguacate con una cuchara, la echamos al vaso de la batidora, añadimos la cebolla pelada y las especias. Añadimos también limón al gusto y si queremos 1/2-1 diente de ajo. Batimos y probamos por si hubiera que añadir algo.


6. Ahora tenemos que rellenar los tomatitos cherry. Yo primero inyecté el guacamole con una jeringuilla de cocina, pero al ser tan pequeños, no había espacio apenas para el guacamole. Así que me decidí por abrir los tomatitos por la mitad, vaciarlos y rellenarlos con el guacamole, para eso con una cucharilla sobra. El guacamole es cremoso y pega las 2 partes del tomate cuando las volvemos a unir. Y por supuesto no se desperdicia nada, el contenido de los tomates lo reciclamos en una tostada u otra receta.



7. Ahora que nuestras cestas están frías y nuestros tomates rellenos, servimos unos ramilletes de canónigos en cada cesta. 

8. Sobre los canónigos añadimos los tomatitos con cuidado y culminamos con unos arándanos negros. ¡Y ya están listas!


¡Buen provecho!

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Bergua*




jueves, 1 de junio de 2017

Patata y setas al vino blanco con nuez


¡Ya es temporada de setas primaverales! Y vamos a aprovecharlas para acompañar a la señora patata, que es la reina de esta receta. Os propongo una guarnición de patata y setas deliciosa, ideal para carne o pescado, aunque también se puede servir por sí sola, con un par de huevos revueltos, con huevo rallado por encima o con lo que nos apetezca. 

Las patatas hoy en día son un alimento que se consume todo el año y esta receta es parte del reto mensual de Facilísimo, dedicado a la patata este mes. En cuanto a las setas, en realidad las hay también todo el año; la temporada alta dependerá de la zona donde viváis y del tiempo que haya hecho ese año (necesitan humedad). Aquí en Dinamarca, la temporada alta es en septiembre y octubre, pero el resto del año hay setas de verano, de primavera, etc. Por eso, las setas que tengamos a mano nos servirán; yo normalmente uso rebozuelo, pero según la temporada o lo que tenga por casa, cambia. Hoy tenemos portobello, shiitake, gírgolas (o champiñón ostra) y champiñon blanco o de París, pero siempre utilizo las que están en temporada.

Esta receta, pese a ser sencillísima, es la versión elaborada; los días que voy con prisa, la convierto en un salteado rápido de patatas hervidas y setas con un chorrito de vino blano, sin agua ni cebolla; pero cuando hay tiempo, vale la pena esperar 20 minutitos para probar esta riquísima versión. Para 2 personas:


  • 250 g de setas 
  • 250-300 g de patata
  • 100 g de cebolla
  • 3 dientes de ajo
  • 1dl vino blanco
  • 10 ramitas de tomillo fresco
  • 2-3 nueces
  • aceite de oliva
  • sal y pimienta
  • Aprox. 1-2 dl de agua


1. Limpiamos muy bien las setas y las cortamos. Si las setas vienen llenas de tierra, un buen truco es dejarlas un rato en agua para que se ablande y sean más fáciles de limpiar; el final del tallo se corta; ahí la tierra suele estar incrustada.



2. Rehogamos la cebolla en juliana y el ajo picadito con un poco de sal.




3. Cuando la cebolla se ablande y coja color, le damos un par de vueltas a las setas en la sartén. Añadimos el eneldo y removemos para que no se quemen. En seguida incorporamos la patata partida en trozos más o menos del mismo tamaño, como de una nuez.

3. Tras darle un par de vueltas, añadimos el vino blanco y la sal y pimienta y dejamos que el alcohol se evapore. 


5. Cubrimos entonces un poco más de la mitad de la sartén con agua caliente, tapamos y cocinamos a fuego medio durante 15 minutos. Pinchamos la patata y, si no está cocida, le damos 5 minutos más. La tapa la podemos dejar puesta, así se cuece al vapor a la vez. O la podemos retirar y así se espesará antes la salsa. Probamos de sal, añadimos pimienta al gusto y, si hace falta, rectificamos.

6. Entonces bajamos el fuego, dejamos que la salsita reduzca un poco si hace falta.

7. Majamos o trituramos las nueces hasta obtener casi un polvillo, pero no del todo fino; que todavía queden trocitos pequeños; servimos, espolvoreamos con el polvo de nuez y a disfrutar.



¡Buen provecho!

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Bergua*



lunes, 29 de mayo de 2017

Albóndigas de calabacín con polenta al tinto


Este plato vegetariano es de inspiración italiana y, sinceramente, el invento quedó muy muy rico. Mi vikingo acabó con el estómago que parecía que estuviera de unos cuantos meses, y es que este plato está tan bueno, que no se pudo contener y comió hasta que no quedó nada.
Es fácil hacer cambios, por ejemplo, se pueden servir las albóndigas con pasta en lugar de polenta, o se pueden variar las especias de las albóndigas, también se puede hacer la salsa de tomate casera si se tiene tiempo... Eso ya, como quiera y pueda cada uno, pero a mí me parece que tal y como os la presento hoy, queda deliciosa de verdad. Para unas 20 albóndigas y polenta con salsa para dos personas (Yo guardé 10 albóndigas para un día y 10 para otro):

Para las albóndigas:

  • 4 calabacines
  • 1 huevo
  • 250 g de queso ricotta
  • 100 g de pan rallado
  • 15 hojitas de albahaca fresca
  • 1 cebolla mediana
  • 3 dientes de ajo
  • Sal y pimienta al gusto
  • 1/2 cucharadita de romero en seco (también se puede probar otro día con orégano, perejil, hierbas provenzales...)
  • 1 cucharada de aceite de oliva 
Para la salsa al tinto:
  • 300 g de salsa de tomate para pasta, una que nos guste.
  • 1 dl (10 cl) de vino tinto
Para la polenta:
  • 100 g de polenta (50 g por persona)
  • 500 g de agua para empezar (la proporción siempre es 1 de polenta a 3 de agua., pero ya veréis que no es suficiente)
  • Sal gorda
  • Opcional: 50 g de parmesano

La preparación:

1. La parte de las albóndigas es bien sencilla: primero lavamos y despuntamos los calabacines, después los rallamos. 

2. Lo siguiente es deshacernos del exceso de agua del calabacín rallado; para eso añadimos 1/2-1 cucharada de sal gorda al calabacín y lo dejamos reposar un rato, preferiblemente 15-20 minutos. Después lo vamos a estrujar con las manos; podemos usar una malla de cocina o cualquier utensilio con agujeros pequeños, como esta bandeja para cocinar al vapor.


3. Con la cebolla, el ajo y la albahaca, vamos a hacer un puré. Pero sin ingredientes líquidos/húmedos, es difícil triturar, así que echamos al vaso de la batidora también una cucharada de aceite y dos cucharadas del queso ricotta y lo trituramos todo hasta que no queden trozos.


4. Entonces mezclamos en un cuenco: el puré de cebolla, el resto de ricotta, el calabacín escurrido, el huevo, el pan rallado, el romero seco y pimienta al gusto. Al mezclar nos aseguraremos de que el ricotta y el huevo se extiendan por todo.


5. Y ya toca formar las albóndigas; tomamos un poco de la masa y formamos con las palmas de las manos una pelota del tamaño de una pelota de golf aproximadamente. Yo hice 20. Hacedlas prietas; yo no apreté lo suficiente el día de las fotos y luego se me aplanaron un poco.

6. Finalmente vamos a cocinar nuestras albóndigas en el horno precalentado a 200º durante 30-40 minutos, hasta que tengan algo de colorcillo. Ah, acordaos de darles la vuelta a mitad de cocción.


¡Y hasta aquí las albóndigas! 

Sigue leyendo si quieres probarlas en la deliciosa combinación de polenta, parmesano y salsa de tomate con vino tinto.


7. Mientras tanto preparamos la polenta. Ponemos el agua a hervir con sal gorda; un poco más del agua necesaria por si hubiera que añadir a medio proceso. 

8. Cuando esté hirviendo, incorporamos la polenta poco a poco y en forma de lluvia para que no se formen grumos. Es importante no dejar de remover para que no se peque y añadir agua cuando se esté quedando seca. El tiempo dependerá de la marca, leedlo en vuestro paquete, pero suelen ser 5-10 minutos con la instantánea; mientras que la tradicional lleva 40 minutos.


9. También tenemos que preparar la salsa, pero no tiene complicación ninguna. Ponemos la salsa de tomate y el vino en un cazo, removemos y subimos a fuego medio-alto para que el alcohol se evapore. Y ya está, normalmente sobra con 5 minutos, pero es cuestión de  remover de vez en cuando y probarlo para asegurarse de que no sepa a alcohol crudo.

10. En cada plato servimos un cucharón de polenta, entonces una cucharada de parmesano rallado, luego otro cucharón de polenta y ya distribuimos 4-5 albóndigas por el plato. Rociamos con la salsa y, como toque final, espolvoreamos con una pizca más de parmesano. ¡A disfrutar!



¡Buen provecho!

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domingo, 21 de mayo de 2017

Papas chorreadas colombianas


Este mes viajamos a Colombia con Cocinas del mundo ♫♫♫ Y en casa hemos probado estas papas chorreadas como guarnición para una versión rápida del bistec a la criolla, otro clásico colombiano, así aquí tenéis dos recetas en una =)

Me lo he pasado pipa buscando recetas, porque tienen unos nombres muy graciosos ^^ Por ejemplo, estas papas "chorreadas" (o "chorriadas"), que son originarias de la zona andina del país y es común servirlas como guarnición para la famosa "Sobrebarriga sudada". Aunque también pueden servir de tapeo, como las patatas bravas.



Estas patatas se "chorrean"/bañan con queso fundido en "hogao", una rica salsa criolla. Como pasa a menudo, de esta salsa existen tantas variantes como familias colombianas, pero yo he hecho los deberes y he elegido una combinación de las que más me han gustado; es común usar "cebolla larga o junca" (cebolleta), pero hoy en día también se combinan el puerro y la "cebolla cabezona". En cuanto al queso, por ejemplo, es popular para esta receta el queso campesino colombiano, que es un tipo de queso fresco, pero con una consistencia más similar a las bolas de mozzarella fresca en Europa. Para 3-4 personas:

  • 2-3 patatas grandotas/aprox. 225 g en total (1-2 por persona) -idealmente, patatas rojas o moradas, si las encontráis-
  • 100-150 ml de nata para cocinar (se puede sustituir por queso cremoso de untar)
  • 100-150 g de mozzarella fresca desmigada/rallada
  • Sal
Para el hogao, la salsa criolla:
  • 5 tomates maduros
  • 1 puerro
  • 1 cebolla común
  • 4 dientes de ajo
  • 2 cucharadas de aceite vegetal (oliva, girasol, soja, achiotado, colza...)
  • 1 cucharada de semillas de comino
  • 1 cucharada de cilantro fresco
  • 1 pastilla de caldo concentrado de verdura (no es parte de la receta tradicional, pero se añade en muchas casas hoy en día)
  • 1 pizca de azafrán o colorante
  • Opcional: 1 pimiento rojo picadito (yo en el día de las fotos no lo puse)
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Opcional: Tabasco
(También hay quien añade mantequilla, cerveza y/o agua a la salsa, pero yo no lo hice)


La preparación:

1. Lo primero es poner a hervir las patatas, pero antes hay que "vestirlas". La técnica de "semi-pelar" patatas se llama en Colombia "chalequear", así que vamos a hacer eso mismo y vestir las patatas con chalequito. Para eso pelamos alrededor a lo largo y después pelamos una línea a ambos lados.



2. Entonces ponemos las patatas a hervir en agua fría con sal gorda y tardarán unos 20-30 minutos, según el tamaño. Tienen que quedar totalmente cocidas, que se puedan atravesar sin esfuerzo. Cuando estén listas, las escurrimos.

3. Preparamos entonces los ingredientes de la salsa. Primero picamos finito el puerro y la cebolla; el ajo podemos prensarlo o picarlo. Los ponemos a rehogar en el aceite en una sartén con la pastilla de caldo, si la vamos a utilizar, para que se vaya ablandando. Recomiendo tapar porque no queremos que se nos dore y se seque, además, así con el vapor tardará menos.




4. Tocan los tomates; se pueden rallar y desechar la piel, pero yo prefiero esta técnica: Escaldamos los tomates un poco de más, es decir, les hacemos un corte en forma de cruz en el culete y los echamos en una olla con agua hirviendo durante unos 30 segundos. Así será muy fácil pelarlos, pero además, se habrán empezado a ablandar y estarán más jugosos al cortarlos en trocitos.



5. Agregamos entonces el tomate picado y sus jugos a la sartén, además del comino (semillas machacadas en el mortero), la nata y la mitad del queso deshilachado. Seguimos con la sartén tapada y dejamos cocer la salsa hasta que el tomate esté blandito y el queso medio fundido; si nos parece que está muy espesa, podemos añadir una pizca de leche. Probamos, añadimos la pimienta y, si hiciera falta, un poco de sal; tabasco si nos apetece, y removemos. El toque final es el cilantro fresco picado.




* Otra opción es sacar un par de cucharadas de salsa antes de añadir la nata y el queso servirla sobre dos filetes de ternera, de manera que acabamos comiendo una versión rápida del bistec a la criolla con papas correadas de guarnición.


6. Finalmente, abrimos nuestras patatas en cuatro partes, espolvoreamos la otra mitad del queso deshilachado y rociamos con nuestro hogao bien caliente. Servimos de inmediato.



¡Buen provecho!

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